Editorial nº 3
Bienvenidos a esta tercera entrega de Konpartitu Magazine. Un nuevo número que, como los anteriores, vuelve a descubrirnos historias, anécdotas y protagonistas del mundo musical, pero que, esta vez, además nos invita a preguntarnos sobre él y, por qué no, a buscar respuestas.
Bruce Chatwin relataba de una manera maravillosa en su libro Los trazos de la canción cómo los aborígenes australianos cantan su entorno y convierten la música en una suerte de mapa sonoro que los guía por el territorio.
Uno no puede dejar entonces de preguntarse para qué demonios sirve la música. El ser humano se afana en catalogar y recopilar el conocimiento. También, en interpretar la naturaleza y el significado de lo que observamos.
Quien tiene acceso a este conocimiento se supone que es un ser humano más instruido, podríamos decir que «mejor». En el caso de la música, quizás mejor músico, o más entendido. Pero luego viene un aborigen australiano que quizás no haya escuchado nunca Un bel di vedremo, o que no tenga un grado de musicología, o que no sea socio de una sociedad filarmónica y nos ofrece una interpretación de su entorno en forma de música. Lo bello y lo útil unidos de la mano. ¿Compondría mejores mapas sonoros si hubiera estudiado solfeo y armonía? Quizás sí, quizás no. A lo mejor serían diferentes si estuvieran influidos por los lieder de Schubert, o por el reguetón. ¿Sería esto mejor o peor? Creemos que no, que sería simplemente diferente.
Y puestos a preguntar… ¿Para qué sirve la música? A los aborígenes australianos para guiarse, a un melómano cualquiera para buscar refugio, en una sala de baile para interactuar con otros seres humanos, y a los pájaros les sirve para marcar su territorio o para intentar aparearse. En cualquier caso, es un llamémosle «ruido» que nos acompaña y nos sirve a los humanos, sí, para vivir, para hacer más llevadero este tránsito. Esperemos que no desaparezca nunca el estudio y disfrute de la música, porque el día que lo haga, el mundo será un lugar menos vivible.
En este número os ofrecemos cantos de pájaros, instrumentos peculiares, Bach y Mehldau, canciones del verano, directores de orquesta que lideran proyectos muy necesarios, bellas y tristes historias que surgen de fotografías colgadas, casi escondidas en las paredes de un camerino de una sala de conciertos. Os ofrecemos música, de mayor o menor calado, más o menos bella, música que intenta reinterpretar todos los estados de ánimo posibles, que nos atrae o nos repele: la música como la vida.
Esperamos que os guste este número, o que no lo haga, pero al menos que os haga sentir algo. Habremos cumplido nuestro cometido.
