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Algo que C@ntar: Piers Faccini

Algo que C@ntar: Piers Faccini

La visita a Konpartitu de Piers Faccini el pasado noviembre, enmarcada dentro de nuestro ciclo Algo que C@ntar, marcó un antes y un después en nuestro proyecto. Como si se tratara de la banda sonora de una gran película, las canciones que escuchamos en la Sala Cúpula del Teatro Campos resonarán para siempre en las mentes de los privilegiados que asistimos a esa catarsis tranquila que ofrecieron Faccini y su acompañante para la ocasión, el gran Malik Ziad. Y cuando las escuchemos en otro contexto, siempre nos acordaremos de esa velada, de esa sensación, de paz, tristeza, de ese viaje musical al que nos invitó Faccini con delicadeza y respeto, y que tuvo en las voces de Ángela Furquet y Ana Rossi un magnífico prólogo. La colaboración con Furquet y Rossi es la antesala de futuros proyectos para Konpartitu, empeñados como estamos en dar voz e instrumentos de difusión a las propuestas musicales que están en la periferia de los grandes circuitos y que aportan un valor incalculable al tejido cultural de un país.

Más allá del comentario emocional, Faccini es un músico con un proyecto vital y profesional muy interesante y que nos obliga a reflexionar sobre la naturaleza del trabajo de músico en un contexto profesional dominado por el cálculo y en el que el artista se ve obligado a mostrarse perpetuamente válido, útil, lo que es sinónimo hoy en día de rentable económicamente. Algo de esto nos contó el día anterior al concierto en nuestra sede de Konpartitu.

Su empeño en crear pequeños objetos de arte, su cuidado por mimar cada proyecto que saca adelante en su discográfica Beating Drum, y la pasión por su trabajo son las características más destacables de un artista que se define a sí mismo como un “agricultor” que trabaja sus ideas, que las cuida y las hace crecer con el cariño de un artesano.

Es normal que su arte esté impregnado por su manera de ser y de enfocar la vida y el trabajo. Dotado de un timbre de voz que se asemeja al descubrimiento de un lugar seguro y confortable, su viaje musical abarca desde el blues del delta del Mississippi hasta la música sefardí, pasando por el folk inglés o los cancioneros napolitano y greco-salentino.


Beating Drum

Una mirada tan particular como la de Faccini necesitaba de un traje a medida, un proyecto que le permitiera trabajar con libertad. Diseña y lleva a cabo tanto la parte visual de cada lanzamiento, como la musical, y ese control solo se puede llevar a cabo cuando el proyecto te pertenece.

El contenedor y difusor de su trabajo se llama Beating Drum. En su página web (www.beatingdrumrecords.com), podemos leer: “Beating Drum es una discográfica independiente dirigida por Piers Faccini. Transmisores de eclecticismo, creamos objetos hechos con cariño, que reúnen la música, el arte y la escritura.”

Y así es, su catálogo se asemeja más al de una editorial de libros de arte que al de una discográfica. Encontramos en su catálogo series como “Hear my Voice”, en la que da voz a cantautores como Tui Mamaki, Gnut y Horsedreamer, álbumes conceptuales como el interesantísimo “I dreamed an Island”, o el disco libro “Songs I Love. Vol. 1” en el que repasa canciones que le han influido en su carrera musical.
Cada lanzamiento está tratado con cariño, cada disco, libro, ilustración, es un objeto bello, valioso. No es lo normal en el mundo industrializado en el que vivimos.

Algo que C@ntar, Sala Cúpula del Teatro Campos

La necesidad de contar está ligada a la de escuchar. Cuenta Paul Theroux en su libro El Tao del viajero (Ed. Alfaguara): “La literatura viajera es la más antigua del mundo; el relato que el nómada comparte con la gente convocada alrededor del fuego tras su regreso”.

Este es el punto de partida de la serie de encuentros Algo que C@ntar producidos por Konpartitu. Luca Chiantore y su fascinante proyecto Inversions fue la primera parada, y Faccini tenía que ser la segunda. Por su relato, por su propuesta musical tan ecléctica, por su gusto por interpretar sin la ayuda de amplificación, algo no muy normal en la escena de la música pop. Con la ayuda de Lázaro Estudio tratamos de dar forma a ese texto de Theroux tan evocador. Los “nómadas” Faccini y Ziad se dispusieron en el centro de la sala. Se hizo el silencio y habló la música, una música bella, atemporal, a ratos susurrada, a ratos a punto de caer en un trance placentero. El público asistió emocionado a un concierto único e irrepetible. Fue una experiencia que hizo que el espectador, tuviera algo que contar. Algo que mereciera la pena.

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