William Parker: “Cuando haces tu música, nadie puede decirte que estás equivocado”
Su música es luz para tiempos de oscuridad. Es uno de los versos libres del jazz, espíritu de la escena neoyorquina desde los años 70. A sus 69 años, y con 150 trabajos publicados, el contrabajista y compositor William Parker publica una caja de 10 discos con el título de Migration of Silence into and out of the Tone World.
Esta es una transcripción editada y condensada de la conversación emitida originalmente en el podcast ‘Club de Jazz’ de Carlos Pérez Cruz.
La primera pieza en esta caja de 10 discos se titula “Listen” (Escucha). Puede parecer tonto preguntárselo a un músico pero, ¿qué significa “escucha”?, ¿cuál es la importancia de escuchar y cuáles los riesgos de no hacerlo?
Existen varios términos. Está “oír”, que significa que oyes un sonido, un camión que pasa y que se va. Oyes su sonido. Y después está “escuchar”, que es algo más profundo que simplemente oír. Entra por los oídos y llega a tu interior, a tu alma, a tu intelecto. Escuchar lo que está detrás del sonido te puede inspirar, [escuchar] lo que forma parte del sonido. Cuando escuchas de verdad, sientes cosas, se abre la posibilidad de que se instale la inspiración, y es algo que puede manifestarse de nuevo más adelante en tu vida. Es muy importante ser capaz de escuchar a muchos niveles. Cuando tocamos música, escuchamos, pero [lo hacemos] a un ritmo rápido. Escuchar nos lleva al término “intuición”, a ser intuitivo, que es cuando oyes antes de que tenga lugar, cuando anticipas dónde puedes atrapar al sonido. Pero eso no se produce a un nivel consciente. Cuando funciona, ese es el nivel más alto [de escucha].
La caja de discos se titula Migration of silence into and out of the tone world. Cuando dices “mundo tonal”, ¿te refieres a la música o a algo que va más allá de la mera idea de música?
Cuando tocas y te dejas ir en la música, cuando cierras tus ojos y te transportas a otro mundo, ese es el mundo tonal. Cuando estás en el mundo tonal no eres consciente de lo que haces, la música fluye, entras en el mundo tonal. Cuantas más veces entras en él, [cuanto más] consciente eres de él, entonces sabes el camino. Incluso aunque se transforme a cada segundo. La idea es no adherirte a una forma en particular, sino estar abierto.
¿Cómo defines el silencio y cuál es su relación con el mundo tonal?
El silencio es tan solo otro nombre para el sonido. Nunca existe el silencio total, pero el silencio puede ser la respiración. El silencio es también simplemente un sonido. Un sonido muy muy muy silencioso, que no tocas de forma consciente. Pero incluso cuando estás tocando, el silencio forma parte del sonido. El silencio es como un lienzo sobre el que pintamos todo el tiempo. Los músicos son los pintores y el sonido es el color. Siempre pintamos sobre el silencio.
Escribiste en el libreto del disco: “Toda mi vida he tratado de alejarme del predominio de la música diatónica europea. En algún sentido, fue un movimiento muy natural. Todos los maestros del misterio del Bronx que estudié eran gente de la calle que crearon y descubrieron sus propias reglas y leyes del sonido”. ¿Por qué esta necesidad de alejarte del predominio de la música diatónica europea?
Ya sabes, la gente te dice: “Tú eres músico, pero este otro es un músico clásico, toca música clásica, música de verdad”. Ya sabes, porque es música europea de blancos. “Y tú música es simplemente folk, música de baile, es como una música menor”. Y para poder ganar dinero y recibir elogios necesitas tener alguna conexión con la música europea”. Pero nadie es dueño de la música. La única razón por la que encuentras música europea por todo el mundo es por el colonialismo de los europeos que llegaron a todo el mundo y dejaron su música. Pero si los africanos hubieran conquistado países en el mundo, habríamos tenido una escala diferente de lo que es bonito, de lo que es música y de lo que no lo es. Pero es difícil escapar de eso porque todas las escuelas de música enseñan música europea. Cuando miras la música como algo más universal, empoderas a más gente. No tienes por qué utilizar a Beethoven o a Bach como una guía para la música.
¿Cómo describirías esas reglas y leyes del sonido callejeras? ¿Están fijadas en algún sentido?
No, no están fijadas. No todo tiene por qué venir de un solo puerto. Puedes entrar en esta tierra de sonido por diferentes caminos y rutas. Cuando haces lo tuyo, no hay nadie que pueda decirte que estás equivocado. Si te dicen que está mal, lo que te están diciendo es que como ser humano estás equivocado.
¿Quiénes son esos maestros del misterio del Bronx de los que aprendiste?
Sé que a uno de ellos lo llamaban Faro y al otro Molino de Viento. Eran tipos de la calle, filósofos de la calle a los que te acercas y con los que te pones a hablar. Y terminan hablándote de música. Si eres un chaval, te abre de veras la mente. Empiezan a hablarte de Egipto, de los indios Hopi, de África… ¡Nadie te hablaba de eso en el colegio! Te empezaban a hablar de John Coltrane, de Dizzy Gillespie. En el barrio había siempre gente que eran filósofos, que pensaban de una forma que… Ya sabes, algunos decían que estaban locos. Pero, ya sabes, la locura está muy cerca de lo divino.
“Músicos, seres humanos, poetas, bailarines, artistas visuales son los auténticos héroes en este mundo. Arriesgan sus vidas cada vez que salen a luchar contra los aspectos feos y malvados de la vida”. ¿Qué quieres decir con eso?
En primer lugar: hay que ser valiente para ser tú mismo en esta sociedad. Para decir: “Voy a elegir un camino diferente”. Y una vez que estás en él, decir: “Quiero escribir, quiero tocar música, quiero pintar”. Y luego, cuando tocas música, decir: “No quiero tocar música pop. Quiero tocar esta música, con estos sonidos. Porque creo que estos sonidos son el sonido que me ha otorgado el Creador. Y se supone que debo desarrollarlos y entrar en estos sonidos”. ¡Y eso es [ser] muy valiente! Una vez que lo haces, es que tienes la fuerza para hacerlo pero, de alguna manera, para poder llegar ahí, tienes que dar un paso adelante y decir: “Debo ir a contracorriente”. Y algunas personas necesitan mucho valor para hacerlo.
