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Una tarde con Gari

Una tarde con Gari

El músico de Legazpia ofreció un concierto íntimo en Konpartitu, en diciembre de 2018: recogemos sus impresiones que recorren la trayectoria vital y las reflexiones sobre la música del fundador de Hertzainak

 

Gari, ahora llenando con Josu Zabala en modo Hertzainak el Palacio Euskalduna, posee una veta íntima que se presenta ideal para espacios como Konpartitu donde ofreció una velada inolvidable una tarde-noche de diciembre de 2018, con la violonchelista Elena Escalza como invitada especial y un público que arropó al músico en su recorrido vital en una edición de “Una tarde con…”.

El músico de Legazpia transitó por su historia musical tan imbricada con su propia vida que a veces, tantas, esta forma parte de aquella, recorre sus composiciones e incluso impregna sus letras, aunque se las escriban Bernardo Atxaga o Jon Benito.

Abrió su presencia en Konpartitu (sentado sobre una caja, acompañado de dos guitarras y un micrófono, pura desnudez escénica, frente a un auditorio que le mimaba con sus reacciones) con un recuerdo para su primera banda, la que le dio fama y renombre hasta hoy en día, con la primera canción que compuso para Hertzainak, una canción de amor, que narraba cómo decirle a una chica que le quieres. Y ya en aquellos primeros momentos, Gari vive en conflicto consigo mismo y con la banda. “En Hertzainak, como en todos los proyectos en común, las relaciones internas se complican. Empiezo a componer canciones que me servían de válvula de escape y que servían para equilibrar tensiones. De los desequilibrios y las imperfecciones surgen siempre cosas muy bonitas. Y sin duda Hertzainak fue un proyecto muy bonito”.

“En el 96 y 97 escribo mi primer disco en solitario. Un disco muy especial porque uno empieza a navegar sobre aguas oscuras, sobre el lado oscuro de la vida. Y cuando uno empieza a andar por esos caminos, sacar proyectos adelante se complica, se complica socializar con los amigos, se complica uno mismo consigo mismo. En esos momentos generalmente es muy difícil encontrar apoyos porque no tienes crédito”.

“(Bernardo) Atxaga fue esa persona que una vez viendo el estado en el que me encontraba me invitó a salir del pozo utilizando un arma tan básica como es hacer música. Que es donde uno se encuentra bien. Escribí con él ‘Egun finladiar bat’, una canción que me resulta muy complicado volver a tocarla después de tantos años, habla básicamente de lo que es la lucha por conseguir la libertad individual»,

Egun finlandiar bat, egun finlandiar luze-luze bat

Aldatu al liteke bizimoduaz erabat
zenbat aldiz hasi liteke zerotik
galdera zailak ziren baina ez zuretzat
zu nire laguna zara, maite zaitut

Mintzatu gara hamaika gauzataz
mintzatu gara drogaz ansiedadeaz
mintzatu gara askatasun pertsonalaz
libreak izan behar dugula
libre! libre! libreak!

«Ese fue el espíritu que me quiso transmitir Atxaga y lo consiguió».

El concierto avanza al mismo tiempo que Gari va profundizando en su historia personal ante un público que le arropa, sí, pero que también le intimida. “No es fácil lo de los conciertos tan íntimos. En otra épocas, estas cuestiones se solventaban bien fácil. Existe la química y con la química todo se soluciona. Pero los problemas vienen luego. Hay muchas canciones en mi repertorio que hablan de esas cosas, de los agujeros profundos en los que caemos los seres humanos. No sé por qué, porque son textos que escriben otros: quizás dirán estos poetas, vamos a insuflar un poco de luz en esta música. Hace poco, tocando en un gaztetxe, que poco tiene que ver con esto, comencé a tocar una canción y me di cuenta de que no tenía la cejilla y que no podía cantar en ese tono. Fui a buscarla al camerino y me encontré con dos chicas y una le decía a la otra: “Este tío hace música como para cortarse las venas”. “Más o menos”, les dije, “más o menos”.

Gari interpretó cuatro canciones que vinculó con el lado oculto de la luna. “No sé de qué año estamos hablando, me da igual, pero a partir de aquí, esa nave, por decirlo de algún modo, vuelve de esos océanos peligrosos y regresa lentamente a puerto. Y empieza a adecuarse con dificultad a la vida en tierra. Como los marinos que regresan a puerto después de vivir en el barco durante tiempo, después de un tiempo en el que flotas mucho. Es un proceso generalmente largo y creo que la música en todo ese proceso ha sido una herramienta con la que he tenido relaciones mentalmente de odio y, sobre todo, un desequilibrio, que se ha ido normalizando en una trayectoria muy larga hasta conseguir que ese oasis que es la música sea un lugar en el que uno disfrute de los momentos, como este que es muy especial”.

Gari sitúa el cambio en un tema en concreto: “A partir de la canción Amapola, empiezo a escribir de otra manera, quedan restos, pero comienza una nueva etapa”.

“Corre el tiempo, después de deshacer la banda, intento equilibrar esa relación con la música desde lo básico y empiezo a trabajar con mi guitarrista en la búsqueda de un espacio sonoro donde poder expresarme mejor, una trayectoria larga y fructífera que me permitió encontrarme más a gusto haciendo música. Todo esto se resume en una cuestión básica: oficio. Muchas veces en el rock damos por hecho que es más importante la fuerza y la expresión que trabajar el día a día, el oficio. Subimos a un escenario, tenemos miles de personas cantando nuestras canciones y esto provoca una relación tóxica que intento equilibrar con eso, con el oficio, el oficio maravilloso de ser músico”.

Las intervenciones de Gari en aquella tarde en Konpartitu derivaban siempre en el anecdotario personal. Hablaba del oficio de músico, que empezó en el conservatorio, de bien pequeño. “En el conservatorio lo único que recibí fueron palos porque no conseguía relacionarme con la música de una manera natural; no me enseñaban la música desde un punto de vista para disfrutar como niños que éramos, sino para pasar un examen. Yo iba a Donosti desde Legazpia, en un ambiente siniestro, y me llamaban con mi nombre en castellano. Yo, que provenía de un ambiente euskaldun, no estaba acostumbrado a que me llamaran así y me ponía rojo como un tomate: salía una señorita, como una Rottenmeier, y decía ‘Ignacio Ascensión Garita-o-nan-dia’. Ignacio Ascensión dolía, dolía mucho. Era una fábrica de hacer tarados, el conservatorio. Aborrecí la música y tuve la mala suerte de que cuando me incorporé a Hertzianak, el éxito fue tal que ese aborrecimiento se multiplicó”.

Y Gari va llegando al final de su historia: “Lllegamos a otro puerto, al puerto citado, cuando uno empieza a componer de otra manera, más sosegada, viviendo el momento, sin ningún tipo de nostalgia, sin mirar atrás porque no me llena de energía».

Y surgen canciones como esta, encargo de un escritor de Bilbao que quería regalar una canción a su mujer y me pasó un esbozo de letra: “Ya sé que no tenemos la vida que soñamos, que no somos quienes quisimos ser”. Y justo él se iba de viaje con su mujer y sus hijos. Grabamos la canción una mañana en el estudio, la mezclamos, la subimos al ordenador y se la enviamos por mail. Y la recibió cuando iba en el coche con toda la familia y la escucharon en ese momento:

“La siguiente canción abre un hilo distinto y aglutina toda esta trayectoria que he recorrido: ‘Naizena nintzena’ (lo que soy , lo que fui, lo que somos, lo que fuimos). La escribí con Jon Benito, a quien conocí cuando era un niño en una feria del libro de Durango. Fue el germen de una relación que ha llegado hasta ahora. Más que poeta, es amigo y más, es como un padre espiritual, aunque es más joven, tiene una gran capacidad para sintetizar ideas y me sintetiza las mías, una ayuda inestimable”.

Para cerrar su concierto ofreció un par de composiciones que interpretó con la violonchelista Elena Escalza y que le sirvieron para reflexionar sobre su pasión, su trabajo, su oficio. “¿Qué es la música? ¿Para qué sirve la música? La música nos transporta, nos deprime, nos alegra, es un compañero de viaje que nos acompaña desde temprana edad. Ha sido un placer compartir unos ensayos con Elena Escalza por eso mismo. Porque muchas veces nos olvidamos de que la música es un lenguaje. Y nos aferramos a esas ideas que generalmente tienen más que ver con los miedos y las inseguridades que es aferrarte a tu zona de confort. Y Elena es valiente porque ella sale más de su zona de confort que yo de la mía. Es más fácil para mí interpretar mis canciones con una chelista que una chelista acompañar a un tío que viene del rock».

«Pero dejemos que hable la música».

Y el broche de oro, para Konpartitu: “Es un lujo que tengamos un espacio así donde poder mostrar la música desde otra perspectiva, donde se puedan construir puentes entre las músicas”.

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