Entrar0
The show must go on

The show must go on

La pandemia ha confirmado al streaming como el único ganador en el mundo de la música

“The show must go on”. En la pasada edición del BIME PRO, encuentro de profesionales de la música que se celebró en Bilbao entre el 26 y el 29 de octubre de 2020, quedó claro que el futuro de la industria musical es el streaming más allá de que la pandemia Covid-19 obligue. Sólo ver las caras de satisfacción de los participantes en la mesa redonda “How we’ve changed” (mientras fuera se iba decretando el estado de alarma en todo Europa y diferentes medidas de confinamiento), uno tenía la certeza de que ha habido un ganador en esta catástrofe, y no han sido los terraplanistas, China, el 5G o Bill Gates: las plataformas de streaming, como Amazon y Spotify, o grandes multinacionales como Sony se deleitaban cantando cifras y porcentajes. Fuera, el panorama musical de Bilbao (y por extensión, del resto de las ciudades del mundo, porque Bilbao es un referente, como bien se sabe) languidece herido de muerte: músicos, técnicos, salas, pequeñas productoras, estudios de grabación, público en general… Eso sí, “Resistiré” le está reportando a los tres citados unos beneficios pornográficos.
Ahí estaban cinco personas sin mascarilla (no tenían por qué llevarla, era una charla online, aunque la metáfora visual era más que elocuente) disertando sobre en qué medida el confinamiento y los cambios económicos y sociales provocados por la pandemia han afectado a los hábitos de consumo y compra de música grabada. Comenzaron suave, todo hay que contarlo: que si la gente ha visto más YouTube porque tenía tiempo durante el confinamiento, que si se ha cambiado la franja horaria (se escuchaba menos música a primera hora de la mañana, porque no había que ir a trabajar o a clase), pero pronto llegó el business, que para eso se nos había convocado.
“Por primera vez en su historia, Sony lanzó una campaña en televisión promocionando una playlist, en este caso, con todos los himnos del balcón”, comentó Laura Virgil de Sony Music Entertainment Spain. (Recordemos que durante el confinamiento se hizo costumbre el salir al balcón a aplaudir a los sanitarios y de paso atufarrar de “himnos”, presuntas canciones motivacionales, al vecindario). “Y tuvo una acogida muy positiva, un 80% de aumento en esas playlists”, añadió Virgil.
Y mentó la bicha, el otro término que ha caracterizado los últimos quince años de la música, popular y clásica, jazz y trap, hip hop y reggaeton. Quizás se salven el dodecafonismo y la electroacústica. Streaming y playlist, dos vocablos en inglés que resumen lo que es la música en la actualidad gracias a la tecnología. Por supuesto, hay excepciones, pero el modo de entender/ofrecer/hacer/escuchar la música que ambos términos han desarrollado desborda el mainstream (otro palabro en inglés) para irrigar todos los campos musicales.

Y como dijo Claire Imoucha, de Amazon Music “vemos una nueva generación de usuarios en streaming”, es decir que este será el canal básico de consumo musical. Por supuesto, con la ayuda de Alexa, su asistente virtual, y Echo, el altavoz inteligente. “Más del 50% de la música que se consume ya es a través de Alexa, confirmó Imoucha.

El músico, el último en la lista

No pretende ser este un artículo luddita anti-tecnología, sólo se quiere constatar lo que será el futuro a la hora de escuchar música que la pandemia ha acelerado exponencialmente. En un interesante y largo reportaje publicado en el New Yorker, en 2014, John Seabrook analizaba a fondo el fenómeno Spotify bajo la pregunta “Is Spotify the music industry’s friend or its foe?” (¿Es Spotify el amigo o el enemigo de la industria musical?) Dudas que surgen, entre otras fuentes, de su conversación con Daniel Ek, fundador y CEO de la plataforma con origen en Suecia y que ahora es el principal referente del streaming en todo el mundo. De momento. La compañía china Bytendence, propietaria de Tik-Tok (más adelante hablaremos de esta aplicación) ya ha puesto en marcha su propia plataforma de streaming, llamada Resso.
Pero volvamos al artículo del New Yorker. En 2014, Seabrook ya confirma lo que es hoy Spotify y cómo nació y la visión de Daniel Ek: “His vision, that Spotify is a force for good in the world of music, is almost Swedenborgian: salvation in the form of a fully licensed streaming-music service where you can find every record ever made. Spotify doesn’t sell music; it sells access to it”. Es decir, a Spotify la música le importa un pimiento. Nada nuevo bajo el sol.
Esa forma de entender la música que ya es dominante, también ha llegado hasta la composición. La cita del reportaje “Saltando como locos de una canción a otra” es larga, pero reveladora: “Tras analizar [Hubert Léveillé Gauvin] más de 303 canciones del top 10 de las listas norteamericanas entre los años 1986 y 2015, llegó a la conclusión de que las intros de las canciones, esos ambientes y desarrollos instrumentales que preparaban nuestros oídos hasta que entraba la voz, habían menguado un 78% de media en un periodo de apenas 30 años. En 1986, la voz sonaba, de media, en torno a 23 segundos después de empezada la canción. En 2015, a los 5 segundos ya estaba el cantante dando la nota”.
Signo de los tiempos, cuando el músico como compositor o intérprete cuenta menos que el bedel de Apple Music. Desde sus inicios estas plataformas han despreciado la creación y los músicos lo saben. Como señala Seabrook en el citado reportaje, “The question of whether Spotify is good for artists is considerably more vexed. The service has been dogged by accusations that it doesn’t value musicians highly enough. In 2013, Radiohead’s Thom Yorke memorably called Spotify ‘the last desperate fart of a dying corpse’, a remark that ‘saddened’ Ek”.
Bien sabemos, seis años después que la tristeza de Daniel Ek, la persona más poderosa del mundo de la música, según Billboard, eran lágrimas de cocodrilo. Él mismo decía entonces que no estamos en el espacio de la música, sino en el espacio del momento: “We’re not in the music space—we’re in the moment space”. Justo acababa de comprar Echo Nest, empresa que trabajaba en el análisis del consumo musical en streaming, las playlists, etc. Vamos, el famoso algoritmo que nos dice qué música nos gusta escuchar cuando estamos en la ducha o cuando nos ponemos la ropa interior de color fucsia.
Que los músicos están hasta el gorro de Spotify y las demás es más que una evidencia, pero acaban allí, de un modo u otro, muriendo al palo del streaming… No todos los músicos. Hay excepciones. Ahí está Marco Mezquida, por ejemplo. El pianista menorquín, uno de los músicos de mayor proyección en estos momentos en el mundo del jazz, no ha subido su último disco a Spotify. Lo vende en CD a la salida de sus conciertos, que siempre cuelgan el cartel de Sold out. Es una manera de «obligar» a quien quiere escuchar su música a que lo haga de otra manera. Una pequeña rebeldía frente al rodillo streamingiano.
También hay movimientos por parte de compositores e intérpretes para cambiar las reglas del juego y que las plataformas paguen de forma justa (es unánime la consideración de que Spotify abusa sin pudor del trabajo ajeno). Y ahí está el sueño de crear plataformas independientes gestionadas por los propios músicos.
Y no se pueden dejar de citar otras propuestas interesantes que buscan superar el binomio streaming/playlist. Por ejemplo la que propone Piers Faccini, compositor e intérprete angloitaliano que participó en el ciclo “Algo que c@ntar” de Konpartitu. Faccini mantiene su propio sello discográfico al que uno se puede suscribir por 40 € al año a cambio de recibir novedades con descuento, detalles, ilustraciones del propio Faccini, etc. Como dice su lema, no es solo comprar música, también respaldar el esfuerzo de llevar un poco de belleza al mundo: “It’s not only about buying music, it’s about supporting our effort to bring a little beauty into the world :)”.

Tik-Tok, el futuro

Por supuesto a Tik-Tok la belleza se la trae al pairo. Pero ahí está convertida en la aplicación móvil que triunfa en esta pandemia con un soporte musical indudable. Y ese es el futuro para el negocio musical, sólo había que ver las caras de los ponentes en el citado encuentro “How we’ve changed” de la pasada edición de BIME PRO cuando se pusieron a hablar de Tik-Tok, como el soporte para vender música: “Tik-Tok es uno de los grandes ganadores de la pandemia”, confirmó David Price de IFPI, la entidad que aúna a la industria musical. “La música siempre ha sido clave en Tik-Tok”, confirmó.
La música, dijo. Mientras tanto, afuera, en Bilbao, los músicos, los técnicos, las salas, los estudios de grabación… hacían cada cual la guerra por su cuenta, vendían gratis su trabajo, estaban en el paro, cerraban sus puertas… ajenos a las virtudes de Tik-Tok para el melómano.

Comparte:

Responder

Tu email no será publicado.

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, así como el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúas navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. Tienes la posibilidad de configurar tu navegador pudiendo, si así lo deseas, impedir que sean instaladas en tu disco duro, aunque deberás tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar