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Bill Frisell: «Cuando reúno una banda, elijo gente de la que quiero aprender algo»

Bill Frisell: «Cuando reúno una banda, elijo gente de la que quiero aprender algo»

Nuestro colaborador Carlos Pérez Cruz es, además, el impulsor de una radio que ya ha conseguido una trayectoria más que consolidada entre los amantes del jazz de todo el mundo: Club de jazz, nacida en una emisora local de Pamplona, ahora en Internet, a punto de cumplir 20 años (¡ahí es nada!) el próximo febrero de 2021. El pasado 4 de octubre, mantenía una sugerente y reveladora conversación con el guitarrista Bill Frisell que reproducimos a continuación.

Tengo que confesarte que cuando necesito paz o un destello de belleza en este mundo a veces tan desagradable… y mira que es desagradable estos días… acudo con frecuencia a tu música. ¿Qué haces tú cuando sientes esa necesidad? ¿Dónde buscas ese tipo de consuelo?

Para mí la música ha sido siempre algo egoísta. Lo primero que hice cuando comenzó la pandemia fue coger mi guitarra y empezar a tocar. La música es donde encuentro paz o donde siento que puedo entender las cosas. No sé si se trata exactamente de una evasión… Supongo que, en algún sentido, es evasión pero, cada vez que he tenido algún problema o frustración en mi vida, la música me ha dado fuerza. Creo que lo que hace que la música funcione es lo mismo que permite que los seres humanos trabajen juntos.

Siguiendo con la pregunta… Cuando estás creando, componiendo o tocando música, ¿te ayuda a desconectar de la realidad, tal y como decías, esa especie de burbuja, o, por el contrario, en algún sentido hace que te conectes más a ella?

Eso es de lo que no estoy [seguro]. Es inevitable que lo que pasa en el mundo forme parte de la música. No pienso de forma política, no trato de hacer una declaración política, pero todo te afecta de una forma u otra. Quizá es más fácil verlo cuando estoy de gira con una banda y tocamos cada noche. Lo que pase durante el día, sea lo que sea, tiene realmente un impacto en lo que pasa esa noche cuando tocamos. Ya sea algún gran acontecimiento mundial o simplemente lo que hemos cenado. Todo significa algo y sale en la música.

La pandemia ha golpeado duro y de muchas maneras a la comunidad jazzística. Una de ellas, supongo, puede ser el aspecto de la motivación de un artista. Todo el proceso que implica ser músico parece haber quedado congelado por un tiempo. Sin objetivos claros a la vista, ¿es duro concentrarse en crear, en estudiar?

No, eso es, de hecho, como he dicho, lo primero que hice. Cogí mi guitarra y empecé a tocar, a tocar y a tocar. Pero lo extraño… La música tiene que ver con gente reunida en un mismo espacio. Cuando conseguí mi primera guitarra, ¡por supuesto que me senté a tocar por mi cuenta! Jamás he pasado tanto tiempo solo [como ahora]. Es agradable poder estudiar y simplemente tocar pero, cuando toco de verdad, no concentro la atención en mi mente, sino que la situó en las otras personas de la banda.

¿Echas de menos tocar delante del público?

Sí, lo echo de menos. El público se convierte en parte de la banda, es esa energía. Aún así, lo que realmente echo de menos es poder tocar con la gente con la que suelo tocar. Y he conseguido tocar un poco últimamente. La primera vez que toqué en meses fue en el porche de un amigo en Brooklyn. Fue muy raro. Lo normal, incluso antes de tocar, es que nos abracemos. También cuando acabamos. [Y ese día] tocamos y fue como… Nos quedamos allí parados… “¡Mierda! ¿Se supone que no nos podemos tocar?”. Esa fue la sensación más rara. No es lo normal para un ser humano.

Valentine es el título de tu nuevo disco. Es un guiño a Thelonious Monk. En una conversación con Ethan Iverson le dijiste que la primera vez que escuchaste a Monk en directo no sabías quién era, pero lo que recuerdas es que el público lo abucheó. ¿Recuerdas haber sido abucheado alguna vez en algún concierto?

No… Quizá un poco… He sido muy afortunado con el hecho de que la gente acepte lo que hago. Pero recuerdo una vez… No es realmente importante. Pero recuerdo algo que pasó en un club en Alemania. Estaba tocando con Paul Motian. Acabamos de tocar y un tipo, incluso casi de forma física, [empezó a gritar]: “¡Estáis matando…! ¡Estáis matando a la música!”. Estaba tan molesto. Pero luego pensé: debo de estar haciendo algo bien, porque le está causando una reacción fuerte.

¿Es mejor que te abucheen a que te ignoren?

No lo sé. No lo sé. ¡Yo me abucheo a mí mismo!

¿Con frecuencia? ¿Cada cuánto lo haces?

Todo el tiempo. Trato de mantener un equilibrio. Cada vez que toco, soy el que sabe de verdad… Con independencia de que alguien diga que he tocado bien o mal, no lo sabe de verdad. Soy yo el que sabe si me he acercado a lo que quería hacer. No llegas nunca allí, siempre estás intentando llegar, vas más y más lejos, pero nunca llegas allí.

¿Con qué frecuencia tienes la sensación de haber llegado allí?

No. Eso es lo otro. Eso te saca de donde se supone que debes estar. Si piensas que has tocado algo increíble, tan pronto como ese pensamiento entra en tu cabeza, estás… Te destruye. No puedes pensar de esa forma.

Llevas años tocando con Thomas Morgan y Rudy Royston, no solo en este trío. Cuando eliges con quién quieres tocar, ¿lo haces en base a sus habilidades musicales? ¿A tu relación personal? ¿Cuál es tu proceso en ese sentido?

Son todas esas cosas. Tiene que ver más la persona. En cualquier banda que haya tenido, no siento que yo sea el líder. Me siento como un estudiante. Cuando reúno una banda, elijo gente de la que quiero aprender algo. No tengo que hablar de nada. Quiero escuchar qué aportan a la música y eso es lo que me inspira. Lo que quiero es que me sorprendan todo el tiempo.

¿Es esa una forma de mantener la música viva? No ensayar demasiado.

Tenemos que conocer… Dado que estamos tocando canciones, todos tenemos que conocer…

Estamos a un mes de las elecciones en Estados Unidos. Tu música sonó en un segmento de la convención demócrata. He visto un vídeo en tu cuenta de Twitter en el que le pides a la gente que vote. Hay una sensación generalizada de que estas elecciones son diferentes, una especie de punto de inflexión para Estados Unidos. También hay miedo a cosas que uno no debería esperar de una democracia consolidada. ¿Cuáles son tus sensaciones al respecto?

Es inconcebible lo que está pasando ahora. Cada día es: “Espera, ¿cómo puede estar pasando esto? ¿Cómo hemos llegado a este punto?”. Pero también voy a decir que los problemas que vemos ahora han estado aquí siempre. Está en la historia de este país. Está fundado en estas cosas. Lo que puedo decir es que sé que hay más cosas buenas que malas, y que estamos viendo muchas de las cosas malas. Da miedo. Pero todo lo que estamos viendo ha estado siempre aquí. Lo que creo es que nunca ha estado tan a la vista, así que tenemos que enfrentarlo y tratar de arreglarlo.

El movimiento Black Lives Matter está poniendo sobre la mesa la cuestión de la desigualdad racial y el racismo en Estados Unidos. Supongo que el mundo musical tiene sus propios problemas con los que lidiar en ese sentido, pero me gustaría que nos centráramos en un aspecto en concreto. En la idea de la llamada ‘Americana Music’, un concepto relacionado con tipos blancos tocando un determinado tipo de música folk. El saxofonista JD Allen grabó hace años un disco titulado Americana que es, en esencia, un estudio sobre el blues. Me dijo que comenzó su investigación después de leer un artículo que hablaba de la ‘Americana Music’ en el que ni se mencionaba el blues. Bill, dado que tu música se ha relacionado con frecuencia con la ‘Americana Music’ y, como músico de jazz, ¿crees que merece la pena revisar el significado de ese concepto? ¿Es racista la forma en que se ha utilizado?

Siempre que veo estos nombres es cuando las cosas se confunden. Todos esos nombres no son nada, son algo que alguien dice después de que se haya hecho la música. En primer lugar, no tiene nada que ver con la persona que estaba tocando la música. No sé, de nuevo, para mí… Mi experiencia con la música ha sido una en la que todos esos nombres y las formas en que las cosas se dividen no existen cuando estás tocando. [Guarda un largo silencio] Ojalá te pudiera…

No, entiendo lo que quieres decir. No es algo que esté en tu cabeza cuando estás tocando…

Sí. Tiene lugar la música y viene alguien y dice que esto es esto o es lo otro, intenta diseccionarlo y ponerlo en… Pero, las categorías no son reales. Los músicos son también un buen ejemplo de cómo la lucha racial… No es que no haya existido también la injusticia entre músicos, pero creo que hay muchos ejemplos de cómo previamente los músicos [mostraron] que está bien que blancos y negros estén juntos. Eso lleva pasando en la música desde hace mucho tiempo.

Valentine se cierra con un par de temas que parecen dialogar entre sí. Uno pregunta: “¿Adónde vamos?” (“Where do we go?”). El otro, ofrece una respuesta… Y además, una respuesta histórica: “We shall overcome” (Venceremos). ¿Donde está tu ánimo ahora mismo? ¿Más cerca de la respuesta o de la pregunta?

En el libreto del disco hay una cita mía hablando de “We shall overcome”, y dije que tocaría esa canción hasta que no sea necesario. Creo que es una respuesta equivocada, porque siempre… Ya sabes, no existe ese momento… Tenemos que insistir. Nunca termina. Eso es lo duro a veces. Quieres pensar que vamos a llegar al final y que todo va ser genial. Pero es como con la música. Cuando era muy joven, pensaba que si estudiaba duro y aprendía todas esas cosas, entonces iba a saberlo todo y a ser capaz de tocar lo que sea. Pero te das cuenta de que nunca acaba, de que tienes que seguir empujando y empujando. Y con esto, sin duda, [es lo mismo]. Hay altibajos, pero no tienes que parar.

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