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Cartón Piedra #2

Cartón Piedra #2

Lee la primera parte del relato aquí

La verdad

Una música de órgano intenta dar algo de sosiego a su cabeza alborotada. La procesión de Pascua sale de la iglesia. Le encanta ese coro. “El Señor no ha muerto. Cantemos himnos al Señor resucitado, ascendido este día a la gloria del cielo”. ¿No ha muerto? Respira hondo y recuerda que todo es cartón: el escenario, los sicilianos, el cura, la Pascua de Resurrección, su ex y la otra. Hasta su hijo. Intenta relajarse. El funeral será en un par de días. Un cura hablará de sus muchas virtudes y todas esas cosas. Seguramente tendrán escritos unos cuantos modelos de sermón que usan aleatoriamente o quizá según el pálpito que les dé el difunto o sus allegados. O quizá en este caso no. Nunca ha asistido al funeral de una persona muerta a cuchillo.

El órgano la trae de vuelta a Santuzza y canta el mismo motivo del coro sin haberlo pensado ni habérselo propuesto, sin voluntad, sin intención. La voz le brota a raudales. Se escucha como si no fuera ella la que canta. El coro repite sus palabras mientras llora amargamente. Coge aire y canta con el coro, “Oh señor, oh señor”. Y el agudo final. Sobrecogedor. El llanto vuelve a manar de sus ojos. La garra del estómago ha desaparecido. Solo siente la música. Y gratitud. Y la presencia de su madre. El coro termina con solemnidad, platillos y metales. Coralistas y figurantes, paisanos y religiosos, regresan a la iglesia mientras la orquesta sugiere el motivo que acaba de cantar el coro hasta que los violines lo rasgan con un arpegio descendente, endiablado y muy tenso que resuelve con suavidad en un acorde plácido y una melodía leve. Santuzza se enjuaga las lágrimas y mamma Lucia se acerca a ella. No queda nadie más. Silencio.

Brava!! —grita un hombre desde el patio de butacas.

¿Su exmarido? No es posible. Debe estar todavía en estado de shock. Santuzza canta a mamma Lucia la historia de Turiddu y Lola. Se querían. Él fue soldado y cuando volvió la encontró casada con Alfio. Intentó olvidarla con Santuzza. Pero la seguía queriendo y privó a Santuzza de su honor. Así eran aquellas mujeres. O aquellos hombres. Ella tiene su honor intacto. Pero el engaño y el rechazo duelen. Más cuando hay un hijo que cada vez es menos suyo y más de la otra. Y de su hermanito. No le importa. Disfruta cantando. Nunca antes se había escuchado de esa manera. La brisa del pinar de su pueblo pasa ahora sin freno a través de su mente. Canta que está condenada pero tampoco le importa. Aunque sea cierto. El arpa dibuja una línea limpia y las cuerdas, muy piano, repiten el motivo con el que ha empezado la ópera. Parece que han pasado horas desde aquella obertura. Mamma Lucia pide ayuda a Santa María. Una escala muy grave y cuatro notas de chelos y contrabajos muy largas. Mucha calma. Está en paz. El público rompe a aplaudir como si hubiera enloquecido. 

Brava!! —el grito es casi unánime ahora. 

No recuerda haber recibido esos aplausos ni en sus mejores años. Unas notas apresuradas de la orquesta dan la entrada a Turiddu. Santuzza le pregunta lo que ya sabe. Mira a aquel hombre que miente sin cesar. La herida del estómago regresa. Intenta volver a la música. ¿Y qué va a ser de ella ahora? ¿Y su hijo? Sigue cantando. Turiddu grita que no ha estado con nadie más y que la quiere. Santuzza comienza a implorar que le pegue y le insulte pero que no le mienta. Ella vuelve a sentir aquella ira. La de esa mañana, en su propia casa, cuando la otra ha aparecido sin su hijo, su propio hijo, que pasa más tiempo con la otra que con ella. Algo ha crujido en su cabeza. El recuerdo de Alfio. La ira. ¿Por qué ha tenido que ir sola? 

Lola entra en escena y canta acompañada por las cuerdas en ritmo de vals y una melodía casi grotesca del oboe. Santuzza suplica a Turiddu hasta que él la rechaza y la tira al suelo. Ella siente el bienestar de la ira . “¡Te deseo una mala Pascua, perjuro!”, le grita. Varios acordes llenos de tensión acompañan una tragedia de trompas y trombones. Apenas un instante que da paso a un motivo agradable. Todo está ya consumado, como diría Jesús en la cruz. Tras la ira ha vuelto la tensión del estómago con más intensidad. Pánico. El cuerpo le tiembla. Pero debe terminar la función. Quizá sea su última función.

 

Y la muerte

Cuando recobra la calma Turiddu ha desaparecido y la orquesta recuerda la alegre canción de Alfio, que vuelve a entrar. Santuzza le canta la verdad: “Lola te adorna la frente de mala manera”. Alfio promete sangre y venganza. Ella no lo ha hecho por venganza. En realidad no sabría decir lo que ha pasado por su cabeza en aquel momento. Ya había sentido aquel impulso antes. De niña. Solo era un pensamiento fugaz que la disturbaba. “¿Y sí se me nubla la razón y clavo este cuchillo a mi madre?”. Sin motivo, solo era un miedo como otro cualquiera, como el de contraer una enfermedad. Después lo había pensado con su propio hijo. Siempre con personas a las que quería. Pero hoy ha sido diferente. 

Varias escalas vertiginosas confirman que todo está ya consumado. Alfio se va por donde ha venido y Santuzza sale corriendo del escenario que queda vacío y en silencio. Nadie aplaude. No hay motivo. Roma no paga a traidores. Ella se sienta entre bastidores. Silencio. La orquesta toca una melodía placentera y llena de vida. De nuevo las campanas de la iglesia y el motivo de la entrada en misa. Solo unos compases. Después el mismo motivo suena menos alegre y más íntimo. El coro de sicilianos sale con parsimonia. Los hombres cantan. “A casa, a casa, amigos, donde nos esperan nuestras mujeres”.

Hace ya dos meses que llegó a casa. Al cabo de unos días siempre tenía la sensación agria de que su hijo prefería estar en la de su ex. El chico no podía evitar un gesto de alegría cuando la otra venia a recogerle. A veces llegaba a pensar que la quería…

Turiddu canta a la amistad y ofrece vino a todos, incluido Alfio“Gracias, pero vuestro vino yo no lo acepto, podría convertirse en veneno dentro de mi pecho”. La otra también pretendía hacerse la simpática, que fueran amigas. Turiddu muerde la oreja de Alfio, la manera siciliana de retar a muerte. La otra también la ha retado a ella. A su manera. Presentándose en su casa. Sola. Turiddu pide a su madre que cuide de Santuzza si le pasara algo. Es consciente de su destino. La otra no ha sido consciente de nada. 

Turiddu sale de escena camino del huerto donde va a encontrarse con Alfio. Ella siente ese impulso antiguo que nunca había llevado a término. Hasta hoy. Este mediodía, cuando estaba en casa cocinando para su hijo y se ha presentado la otra. Con la torpe excusa de que buscaba al chico. Le ha contado anécdotas y manías de su hijo que ni siquiera ella conoce. Y lo bien que se lleva con el pequeño, y que ya ha cumplido tres años, y que es una suerte. Cuanta felicidad. Ella no ha dicho nada y ha seguido a lo suyo. Cortar cebollas. La otra ha seguido con su conversación. Ella la ha mirado, ha mirado el cuchillo y se lo ha clavado. En el abdomen. Una sola vez y lo ha soltado. La otra y el cuchillo han caído al suelo. No recuerda más hasta que la han despertado en el camerino para convertirla en Santuzza.

Escucha gritar el nombre de Turiddu, sale a escena y abraza a mamma Lucia. Un grito desgarrador. “¡Han asesinado al compadre Turiddu!”. Ella siente todas los zarpas y puñales en su estómago. Un redoble de timbales, orquesta y coro gritan un acorde de espanto. Una nausea y la tragedia se rubrica con una escala descendente, una melodía de horror que se acelera de pronto y termina con tres acordes demoledores. Se cierra el telón. El público estalla de júbilo. 

¡¡¡Brava, brava, brava!!!

Se abre el telón. El patio de butacas se pone en pie. Intenta esbozar una sonrisa y se agacha para aliviar la tensión del estómago. Ojalá parezca una reverencia. Coge aire y se incorpora. Los compañeros se separan y la invitan a que se acerque a los aplausos. ¿Son todos para ella? Camina al frente del escenario. Debería disfrutar pero la cruda realidad se desploma sobre su vientre. Ha asesinado a la mujer de su exmarido, la madre de una criatura de tres años y casi de su propio hijo que la odiará por ello. ¿La querrá visitar en la cárcel? ¿Qué será de ella ahora? Pensaba retirarse pronto y pasar mucho tiempo con él. Ahora va a estar sola. Otra nausea, más fuerte, la obliga a agacharse de nuevo.

¡¡¡Brava!!!

Esa voz. Es su ex. No hay duda. Se incorpora. Allí está él, con su hijo y la otra. Sin cuchillo ni sangre. Viva y preciosa. Cómo no la van a querer. Y aplaude de verdad, con ganas. Y su hijo también. Ese chico… El abdomen se relaja y el llanto vuelve a sus ojos. Nunca le había costado tanto reconocer una pesadilla. Y en la certeza de que nada es real y todo es de cartón piedra, ella deja a Santuzza en el escenario y se va decidida a crear el sueño del resto de su vida.

 

Fin

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