Cartón Piedra

Cartón Piedra

La nobleza

Y en la certeza de que ya nada importa ella entra al escenario con algo, poco, de Santuzza. La orquesta afina todavía. El revuelo de notas le araña el estómago. Se apagan las luces del patio de butacas. El público aplaude al director que camina hacia su atril. Silencio. Santuzza deambula, busca en la penumbra. Los violines comienzan a sonar sutilmente. Una simple nota que debe llevar sonando desde el principio de los tiempos. Los chelos otra más grave y el resto de las cuerdas otras dos. Cuatro notas, un acorde sencillo completado por el arpa. Después una melodía lenta y exenta de drama. Hoy todo es diferente. Respira.
Intenta recuperar la sensación de la música discurriendo a través de su mente abierta de par en par como la brisa en el pinar del pueblo donde pasaba los veranos de pequeña. Siente una brizna de aquella brisa, cierra los ojos e intenta aliviar la tensión. Pero los metales suenan amenazantes y la brisa se desvanece sin fuerza. Los platillos la deslumbran con un destello y un acorde muy tenso y prolongado se clava en su estómago. Ese acorde, esa tensión…

Una línea simple e inocente de flauta y arpa. Un momento de calma y la orquesta, sin previo aviso, comienza a descerrajar puñaladas con crueldad. Cuatro. Las dos primeras mortales y las últimas menos intensas, producto de la inercia de la ira que, como un tren de mercancías, necesita mucho espacio para detenerse. Ella se estremece asustada.

La petición de divorció le había pillado por sorpresa. Habían pasado ya más de tres años y al principio había sido muy duro pero ya lo había superado. Eso decía. ¿Cómo había acabado cantando esa Cavalleria Rusticana? Era una de sus óperas favoritas. Nobleza rústica. Todo ocurre por algo. La mezzosoprano había cancelado y la habían llamado a última hora. Estuvo a punto de no aceptarlo por ego. Pero algo le dijo que la debía cantar. Además, en el teatro de su propia ciudad, sin necesidad de vuelos ni hoteles. Dormir en su casa, con su hijo.

La obertura continua inexorable con preguntas y respuestas. Santuzza se detiene. El arpa da paso a Turiddu que, oculto fuera del escenario, canta en siciliano su amor por Lola. Ella escucha inmóvil. Turiddu y Lola. La otra y su ex. El zarpazo del estómago se ensaña.

Turiddu canta la última estrofa de su aria. “Y si al morir yo fuera al Paraíso no entraría si no te encontrara allí”. Cuánto la debía de querer. El ex se había portado muy bien con ella. Con mucha nobleza. Claro que después de engañarla durante años. Solo se había decidido a contárselo y a pedir el divorcio cuando la otra se quedó embarazada. A partir de ese momento fue muy noble. El cabrón.

El director levanta la batuta y la clava en el aire. Otra cuchillada. La música, ahora sin tapujos, se echa por la cuesta de la tragedia. Ella se tambalea y está a punto de tirar al suelo a Santuzza. Se sienta en un rincón. Otra vez platillos y otro clímax. El ronroneo de los chelos, violines y otro clímax con platillos. Qué obertura tan larga. ¿Por qué no empieza ya la acción para que todo acabe cuando antes? Silencio. Flauta y arpa. Calma y una breve melodía intensa con tres arpegios de arpa que le hacen recordar el grifo de la bañera del caserón de veraneo de sus padres. En aquella bañera se pasaba las horas cantando de niña. Después fueron muchas las tardes de invierno que hizo el amor con su futuro exmarido en casi todos los rincones de aquella casa, incluida la bañera. Habían estado juntos más de veinte años. Vaya mérito. La obertura termina. Por fin.

 

La mentira

Las campanas comienzan a sonar. El escenario se ilumina y se llena de gente que va a la iglesia que no es más que una pared de cartón con una puerta de cartón y una gran cruz de cartón. Todo es cartón. Nada es real. Santuzza sale y, desde bastidores, ve gente ir y venir, charlar y comprar cosas a un vendedor ambulante. Parecen sicilianos y sicilianas felices. Pero no lo son. Son coralistas. Muchos de ellos ni siquiera han pisado Sicilia. Muchos de ellos, a pesar de llevar ramos de pascua y entrar en la iglesia, ni siquiera son cristianos. Al terminar la función se irán a sus casas, cenarán a gusto y dormirán a pierna suelta. Siente envidia. Intenta dejar que esa música alegre la impregne. Cierra los ojos. Las mujeres cantan a la primavera, la flor del naranjo, las alondras y las canciones que hacen palpitar al corazón. El suyo lo hace con fuerza. Los hombres alaban el trabajo en el campo y los bellos ojos de las mujeres. El coro termina de cantar y entra en la iglesia.

En unos pocos compases tiene que empezar a cantar y apenas ha podido calentar la voz. El arañazo del estómago no le permite encontrar el aire que necesita. Chelos y contrabajos llenan todo de una melodía que desciende al sótano del drama. Mamma Lucia sale de la taberna. Ella la observa como una espectadora más. La orquesta repite los compases que acababa de cantar el coro. Es como si la música intentara sacar la tragedia de la cabeza de todos los presentes. ¿Qué tragedia? El universo es como es. Si ha ocurrido es porque tenía que ocurrir. Ella solo ha sido un elemento más. Una fuerza de la naturaleza que se ha desatado inesperadamente. Como lo hacen a veces las fuerzas de la naturaleza. Ella no ha decidido nada. Al fin y al cabo aquí no se queda nadie.

Mamma Lucia se acerca a la iglesia, se detiene. Frunce el ceño levemente. La ópera avanza con un motivo solemne en mayor que el oboe repite en menor. Así están siendo esos días. Alegría que se repite en pena. La regidora le susurra que tiene que salir a escena. Ella se gira sorprendida.

—¿Estás bien?

Asiente y vuelve al escenario casi sin Santuzza, que comienza a cantar. No piensa. La voz le suena limpia y afinada. El nudo del estómago afloja levemente. Santuzza pregunta por su prometido: “Dime por piedad donde está Turiddu”. Mamma Lucia responde que ha ido a por vino. “¡No!, lo han visto en el pueblo a media noche”, grita ella con rabia.

El engaño, un pensamiento fugaz y el arrebato de la ira, una ola intensísima que sube desde el núcleo de la Tierra y arrasa con todo. Ella imaginaba que tendría aventuras. No le importaba. Pasaba mucho tiempo cantando fuera y él no era de los que pueden dormir solos. Pero una amante, siempre la misma, su exnovia de la adolescencia. Seguro que nunca había dejado de soñar con recuperar aquel primer amor. Ni en los mejores momentos de su relación. Ni cuando lloró al ver nacer a su hijo.

Alfio entra en el escenario sobre un carro y hace restallar su látigo. La orquesta, de puntillas, va tomando presencia poco a poco hasta convertirse en una máquina dispuesta a arrasar y hacer justicia. Ella siente alivio. Alfio es de los suyos. Ahora lo entiende bien. Un tipo determinado a defender su honor. Dice sentirse feliz de llegar a casa donde su fiel esposa Lola le está esperando para darle amor y consuelo. Pobre Alfio. Cuantas veces había sentido esa misma sensación después de meses de gira. Su marido siempre la trataba bien y para ella, que casi siempre dormía en hoteles, era muy agradable saber que tenía una familia y una casa que la esperaban. Saber…

El coro termina y entra en la iglesia. Dos notas picadas de cuerdas y dos golpes de timbal dejan solos a Santuzza, mamma Lucia y Alfio que pide vino. La mamma insiste en que Turiddu ha ido a buscarlo. Mentira. Alfio también lo ha visto cerca de su casa por la mañana. Ella los mira como si pensara que todos saben lo que ha hecho y disimularan.

Continuará…

Responder

Tu email no será publicado.

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, así como el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúas navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. Tienes la posibilidad de configurar tu navegador pudiendo, si así lo deseas, impedir que sean instaladas en tu disco duro, aunque deberás tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar