Discos ecológicos contra el cambio climático

Discos ecológicos contra el cambio climático

El pianista cubano Fabián Almazán funda Biophilia Records un sello que publica discos sin disco y donde los músicos participan en actividades medioambientales.

La noche en que David Bowie murió, nació una nueva discográfica, Biophilia Records. Aparentemente, una cosa no guarda relación con la otra, pero el pianista Fabián Almazán recuerda con precisión la fecha en que decidió fundar su sello ecológico, porque aquella madrugada la pasó en vela dándole vueltas a la idea. Acababa de volver a Nueva York desde Australia y el jet lag le impedía pegar ojo. Siempre le había preocupado el medio ambiente, y como músico quería predicar con el ejemplo. Si en 1987, con el desastre nuclear de Chernóbil muy reciente, Bowie denunciaba en Time will crawl los desastres medioambientales, él quería ir más allá y evitarlos al hacer discos.

Los cedés y los vinilos, que durante décadas fueron el principal soporte de difusión de la música grabada, contribuyeron y contribuyen en gran medida a la contaminación del planeta. Según el Centro de Reciclaje de América, millones de cedés acaban cada año en vertederos y son incinerados. Su composición los hace difícilmente recuperables, y no todos los centros de reciclaje están preparados para tratarlos. Además, muchos de ellos incluyen plásticos en su embalaje, lo que convierte este soporte en altamente contaminante. Por no hablar de los vinilos, cuyo impacto afecta a la salud de quienes los fabrican, por las emisiones tóxicas durante su procesado. Por eso Fabián Almazán ya no compra discos y los que publica con su sello son ecológicos.

Nacido en Cuba en 1984, Fabián reside en los Estados Unidos desde los ocho años. Su familia salió de la isla y, como tantas familias cubanas en el exilio, se instaló en Florida. Actualmente vive en Nueva York junto a su mujer, la australiana Linda Oh, una de las contrabajistas más reputadas de la escena jazzística y con quien se casó hace tan sólo unas semanas. Ella es una de las artistas que forman parte de Biophilia Records, el sello de Fabián, que edita discos sin disco. Lo que venden son unos biopholios, pequeñas obras de arte en papel FSC —certificado como papel de origen sostenible por el Consejo de Administración Forestal, ONG que trabaja a nivel mundial—, con aspecto externo del tamaño de un cedé e inspirados en el origami, la papiroflexia japonesa. «Cuando se abre tiene 20 paneles en los que incluimos las ilustraciones y las notas del libreto. Hay mucho espacio para que el artista pueda comunicarse con su público. Dentro de cada biopholio hay un código para poder descargarse la música en internet», explica Almazán.

El nombre del sello resume su filosofía. La biofilia es un concepto acuñado a mediados de los 80 por el biólogo estadounidense Edward Osborne Wilson, y se refiere a la atracción natural de los seres humanos por otros seres vivos, a la importancia de la relación con la naturaleza para nuestro desarrollo. Nueva York, la ciudad más poblada de Estados Unidos, no parece el lugar más adecuado para trabajar esa relación natural, pero, como señala Fabián, «hay muchas cosas en las áreas urbanas que tienen que ver con el medio ambiente, no sólo es cosa de osos polares y pandas. Las comunidades con menos dinero son las que sufren más la contaminación. Por eso este año nos queremos centrar en el sur del Bronx». Y es que, además de editar discos con bajo impacto ambiental, los artistas de Biophilia Records, entre los que se encuentra la cantante española Lara Bello, dan conciertos en escuelas públicas para generar una conciencia ecológica y hacen labores de voluntariado con diferentes organizaciones no gubernamentales, como el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (NRDC, en sus siglas en inglés) o Riverkeeper, que se dedica a proteger el río Hudson y la calidad de sus aguas, que beben millones de neoyorquinos.

A la crisis medioambiental del planeta se suma la crisis del modelo de la industria discográfica, en el que la transición a lo digital (a priori, uno de los objetivos del pianista) ha mermado la capacidad de ingresos de los creadores. Hoy es muy sencillo localizar casi cualquier grabación, pero el modelo de gratuidad imperante y el cambio de costumbres sociales agravan la precariedad del artista. «Entiendo que, no sólo como seres humanos, sino como animales, nuestra evolución nos lleva a tratar de lograr resultados con la mínima energía. No pretendo que el mundo entero vaya a decir: disculpa, no sabía que debería pagar más, voy a pagar más ahora. Eso nunca va a suceder. Todos necesitamos seguir pensando en cómo resolver esto, cómo balancear estas dos cosas», reflexiona el pianista, que sabe que es después de los conciertos, con el aficionado todavía en caliente, cuando es más fácil que éste quiera llevarse un recuerdo. El biopholio genera conciencia ecológica y «sirve para ayudar a los artistas».

Almazán, nominado en 2015 a un Grammy por su trabajo en el disco Breathless, del trompetista Terence Blanchard (compositor de muchas de las bandas sonoras de Spike Lee), forma parte de un ecosistema musical especialmente castigado como es el del jazz, una expresión vital y musical cuya percepción está muy condicionada por los clichés y la nostalgia. «En Estados Unidos, el estereotipo del jazz mainstream no tiene que ver con su realidad actual. El modelo es el de un drogadicto, el de Charlie Parker, Miles Davis. Honestamente, como músicos los respeto mucho, pero como personas eran horribles. Y el espectro es más amplio, hay mucha variedad, es algo que me gustaría enseñar con Biophilia». Fabián señala también la responsabilidad institucional en la falta de cultivo y desarrollo del gusto. «En los 70, el gobierno dejó de poner dinero en educación. Hay gente que no sabe ni qué es una trompeta ni un saxofón. Si el sistema de educación pudiera dar una base a los niños, que conozcan el idioma… Porque para ellos es como si habláramos en otro idioma, no tienen manera de conectar. Eso me parece un crimen. El sistema de educación está dañando la habilidad del público para conectarse con esta música».

Por motivos políticos, la conexión de Fabián Almazán con su país natal estuvo interrumpida durante 23 años. Hace uno que volvió a pisar Cuba, una experiencia de la que se trajo los sonidos de diferentes aves indígenas, que grabó con la intención de integrarlas en un futuro proyecto sobre música folclórica de la región occidental de la isla; también las sensaciones del reencuentro con su infancia. «Sentí mucha emoción viajando al lugar en el que crecí. Me pasó lo que a Peter Pan, que tuve una niñez completamente separada de mi vida de adulto. Al fin pude conectar esos dos aspectos de mi vida». Con Biophilia Records, el pianista ha conectado su vocación musical con la sensibilidad medioambiental, más amenazada que nunca por la falta de biofilia de la administración Trump. «Están dando una falsa impresión de progreso económico a costa del sacrificio del medio ambiente. Y eso no es sostenible». Sin una conciencia y una política colectiva armonizada, a los biopholios se los lleva el viento.

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