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Tocando el cielo. La música de la Iglesia Hillsong de Madrid

Tocando el cielo. La música de la Iglesia Hillsong de Madrid

 

La música religiosa es un ámbito muy estudiado por la musicología y la etnomusicología. Los aspectos religiosos tienen un peso significativo en la historia de la música, sobre todo en épocas en las que las instituciones religiosas han ejercido un fuerte control político, social y cultural. La musicología ha dado mucha importancia a lo religioso como fundamento de la música artística y, de hecho, ha conformado su canon. También la musicología ha hecho posible, junto a los medios de comunicación y la industria cultural, la descontextualización y resignificación de estas músicas.

Por su parte, la etnomusicología, se ha interesado por el hecho religioso en un sentido amplio en su contexto cultural y social. En un primer momento se ocupó de las manifestaciones de culturas no europeas, aunque desde hace unos años se abordan aspectos relacionados con la crisis de las religiones tradicionales en occidente, el surgimiento de identidades espirituales alternativas y la utilización de las músicas populares de forma paralela al auge del evangelismo. En los últimos años se observa en todo el mundo, y también en España, un mayor interés por el estudio de lo religioso en general y por su vertiente popular en particular, destacando los trabajos de Rupert Till, Antti-Ville, Robin Sylvan y Gordon Lynch, entre otros.

 


Uno de los fenómenos más relevantes en este sentido lo constituye la Iglesia Hillsong, una confesión evangélica de origen australiano, que se define como Cristo-céntrica, y que ha tenido una fuerte y rápida implantación internacional. Hillsong se estableció en 1983 bajo la denominación de Hills Christian Life Centre, y fijó su sede a las afueras de Sydney. Esta Iglesia se distingue, sobre todo, por la importancia que otorga a la música actual en sus rituales y en la difusión de su doctrina. La confesión religiosa tiene su propio sello discográfico y sus grupos musicales oficiales: Hillsong United, Hillsong Young and Free y Hillsong Workship; cuida hasta el máximo detalle todos los aspectos de la producción audiovisual y la difusión de la música a través de las
redes.

La implantación de Hillsong fuera de Australia ha sido vertiginosa. Hoy en día está presente en los cinco continentes y en veinte países. En España funcionan dos sedes. La primera se creó en Barcelona en el 2011 y hace apenas tres años comenzaron a celebrarse los servicios en Madrid.

La literatura académica religiosa actual la califica como una “mega-iglesia”. Según Stephen Ellingson este concepto se utiliza para definir aquellas congregaciones protestantes de gran tamaño. Quedarían excluidas las Iglesias o confesiones tradicionales como el Islam, el Catolicismo, el Anglicanismo o el Judaísmo. Hay que tener en cuenta que el funcionamiento de las Iglesias surgidas del protestantismo es diferente al de la institución católica romana, que, por ejemplo, tiene una estructura piramidal, jerárquica y unitaria. Las mega iglesias son autónomas; pueden estar o no al amparo de alguna denominación (como la metodista, baptista, presbiteriana, etc); Hillsong, por ejemplo, se denomina Cristo-céntrica, y es teológicamente conservadora. Contrariamente a lo que nos pueda parecer en la imagen que proyecta, su doctrina en relación con la sexualidad es similar a la de la Iglesia Católica o a la de otras Iglesias evangélicas. Están en contra del matrimonio igualitario o no aprueban las relaciones sexuales prematrimoniales.

 


Hillsong ha tenido éxito sobre todo en esos espacios urbanos que hoy se denominan ciudades globales (un concepto acuñado por Saskia Sassen y utilizado por los estudios urbanos para calificar los núcleos urbanos que tienen un peso importante en la economía global). Y lo que la distingue es el particular uso que hace de la música y los medios tecnológicos para generar un estilo moderno y actual que atrae, principalmente, a jóvenes de diferentes procedencias. Para Miranda Klaver. Hillsong es un ejemplo de cómo la globalización y la mediatización están operando en la transformación de la religión en las ciudades
globales.

El “estilo” Hillsong consiste básicamente en una “liturgia” que se inicia con la interpretación en directo de varias canciones a cargo del grupo “residente”. Tras las canciones llegan las palabras de bienvenida; luego las ofrendas, los anuncios varios sobre las actividades de la Iglesia. La parte principal del acto consiste en el sermón del pastor:  una plática muy preparada, enfática, con un lenguaje corporal muy dinámico, una vestimenta similar a la de los fieles, un uso del lenguaje coloquial y juvenil, donde no hay problema por sacar el móvil para leer un fragmento del Evangelio o comentar una foto de Instagram. Las celebraciones evocan la experiencia de un concierto de música pop. Los oficiantes (músicos, pastores y, a veces, invitados) se colocan en el escenario. Los fieles, en la pista de baile o en el patio de butacas. La sala a oscuras es iluminada por las  pantallas y el juego de luces. No se escatiman medios tecnológicos para crear un espacio de oración que no difiere de los espacios de espectáculos musicales. El estilo de Hillsong es calificado como “multisensorial” gracias al empleo de los medios tecnológicos digitales en donde confluye la cultura popular y de entretenimiento con la renovación religiosa.

 


Nos llama la atención la juventud de los asistentes. A simple vista podríamos decir que la mayor parte de ellos están entre los 16 y 30 años de edad. Su aspecto, al igual que el de los pastores de Madrid y Barcelona (Juan Mejías y Damsy Mich) responde al del joven urbano digitalizado, lo que vulgarmente se conoce como hipster. De hecho, los medios periodísticos suelen referirse a Hillsong como la iglesia hipster. Visten a la moda, llevan tatuajes, ellos lucen barbas pobladas y el cabello semirrapado o con grandes tupés; y
ellas se tiñen el pelo de colores; visten jeans, camisetas desenfadadas y cazadoras vaqueras o de cuero. No hay mucha diferencia con el resto de jóvenes de su edad. En su mayoría pertenecen a las “creative class”: jóvenes educados que tienden a concentrarse en las ciudades globales, que no tienen problema con la movilidad, que trabajan o aspiran a trabajar en los sectores creativos, muchos de los cuales acuden al autoempleo y gran parte de ellos poseen trabajos precarios.

En un estudio que se realizó sobre la Iglesia Hillsong en Amsterdam se comprobó la gran cantidad de migrantes que asistían, lo que la llevó a calificar a su audiencia como multiétnica. Observó que estos jóvenes provenían de diferentes lugares en los que el evangelismo tenía mucha presencia y que su grado de compromiso era muy alto. Hillsong ofrece un modo de identificación cosmopolita basado en un discurso religioso inclusivo y en unas aspiraciones económicas compartidas. Ofrece a los jóvenes una identidad socio-religiosa moderna y urbana, más allá de las categorías de etnicidad y raza, muy diferente de la de las iglesias de sus padres, que suelen tener un fuerte contenido identitario, con normas estrictas, prácticas tradicionales y un grado de complicidad menor con la juventud. En España, la presencia de jóvenes latinoamericanos es muy numerosa y, aunque no disponemos de datos objetivos, los orígenes y motivaciones son las mismas que en otras ciudades globales.

En las celebraciones de esta Iglesia el grupo de música ocupa todo el escenario. La parafernalia religiosa que utilizan otros cultos (imágenes, altares, tronos, objetos sagrados, etc) es sustituida luces y pantallas, que siempre proyectan el texto de las canciones en la lengua local y en inglés. La interpretación, por tanto, es siempre participativa.

 


Una de las señas principales de esta Iglesia es la utilización de las redes sociales y la tecnología mediática que alcanza tanto a la música como a la doctrina. Se crean así nuevos modos de vinculación y compromiso. Todas las canciones de Hillsong están, por supuesto, a disposición de los adeptos en Youtube, Spotify, Itunes, etc. Youtube, además, sirve como plataforma de aprendizaje. Los grupos locales aprenden las canciones por imitación pero en la red hay cientos de videos tutoriales que enseñan cómo tocar tal o cual canción.

La música le ha dado a Hillsong fama y fortuna. La Iglesia australiana tiene dos empresas que funcionan como subestructuras, Hillsong Publishing y Hillsong Music. Ambas se encargan de la producción, difusión y gestión de derechos de varios grupos asociados a la Iglesia, como Hillsong United su grupo emblemático, y de la comercialización de decenas de grabaciones musicales en distintos formatos que se han editado en Australia y en Europa.

Aunque ha habido una evolución desde las primeras grabaciones, Hillsong utiliza un estilo de música muy reconocible. Las mismas canciones suenan en las celebraciones de Sidney, Madrid, Buenos Aires o Los Ángeles. Cada una de las sedes tiene su grupo que se constituye a imitación de los oficiales. Son grupos numerosos que cuentan con batería, bajo eléctrico, guitarras (acústicas y eléctricas), teclados (que incluyen además de los sintetizadores diversos aparatos para producir efectos sonoros) y varias voces. Aunque hay un líder que lleva la voz principal, suele haber otros cantantes que realizan los coros o se alternan con el primero. La proporción de mujeres suele estar equilibrada y si el líder es hombre, cuenta con una mujer para hacer las segundas voces y viceversa.

 


La música es una marca identitaria de la Iglesia Hillsong, pero ¿cómo podríamos calificarla? Está claro que lo musical está en consonancia con el estilo Hillsong y es, por tanto, popular, moderna, joven, cosmopolita y, sobre todo, emocionante. En realidad, las canciones de Hillsong United nos suenan a Cold Play, las de Hillsong Young and Free a Justin Bieber o las de Hillsong Workship a Adele. Los jóvenes escuchan en la Iglesia básicamente lo mismo que consumen en su ocio. Hillsong ha creado, como señala Podevák, un sonido
ecuménico.

Varios autores coinciden en afirmar que la modernidad no conduce necesariamente a la decadencia de la religión, sino a un pluralismo religioso y a su mercantilización. Se pone así en entredicho la teoría de la secularización. Desde una perspectiva global, el mundo contemporáneo, quizás con la excepción de la Europa central y occidental, vive un periodo de ferviente religiosidad. Los dos movimientos religiosos más dinámicos en la actualidad son el islamismo y el protestantismo popular. La modernidad ha conducido a un cambio en la condición humana que va desde el destino a la elección: los individuos reflexionan sobre los hechos religiosos que les rodean, que además seleccionan y modifican. El pluralismo religioso tiene implicaciones institucionales y cognitivas. La nuevas y viejas Iglesias deben de competir por ganarse a una clientela que opera en algo similar a un mercado religioso. Es quizá en este campo competitivo donde la música entra en juego, pues la libertad religiosa hace que las Iglesias deban poner en práctica estrategias de persuasión para convencer a unos laicos que se comportan como una comunidad de consumidores.

 


Hillsong es un lugar donde los cristianos de hoy en día pueden satisfacer sus necesidades espirituales en un ambiente familiar y secular. No se reúne en lugares consagrados o con símbolos religiosos, sino en teatros del centro de la ciudad, discotecas o grandes estadios. Podría ser un ejemplo de cómo un culto secularizado acude a unas prácticas musicales sacralizadas, como apunta Ruper Till refiriéndose al rock o al pop. En
los últimos cincuenta años las “mega-iglesias” se han desarrollado en países como Estados Unidos y Australia, lugares con una tradición individualista y consumista, en donde se pone en valor el poder de elección y el control de la experiencia individual por encima de la institución religiosa. El fenómeno en España es reciente y quizá es pronto para aventurarnos a sacar conclusiones.

La relación entre las Iglesias evangélicas y la música es tan grande que, como destaca Carlos Garma se ha creado un “mercado evangélico». A diferencia del catolicismo que ha centrado su “merchandising” en objetos e imágenes (estampas, imágenes de Santos y Vírgenes, medallas, etc), estas Iglesias venden y comparten, sobre todo, música (antes en discos, ahora en la red). A este respecto, Maddox destaca su espíritu empresarial, con estructuras corporativas jerárquicas y que hacen uso de técnicas de marketing de entretenimiento. Ritzer habla de una McDonalization, una característica de la globalización que busca los valores de eficiencia, calculabilidad, predictibilidad y control. Hillsong sería un modelo de franquicia religiosa, que niega la diversidad de los contextos culturales y que lleva a una forma de Cristianismo descontextualizado.

 

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