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Romper barreras al ritmo de tambor

Romper barreras al ritmo de tambor

Acercamiento al candombe, la música de ritmo africano característica de Uruguay y Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde 2009

Ni el frío ni el viento que llegan desde la rambla de Montevideo son un impedimento para que el segundo domingo de agosto al atardecer, como todos los domingos del año, aparezca un grupo de hombres con sus tambores. Todos se colocan poco a poco en filas aparentemente desordenadas y, ya en sus posiciones y a la señal del camarada, comienzan a tocar. El sonido atrae a las masas, que se acercan y bailan al ritmo de la cuerda de tambores durante su recorrido por las frías calles de la ciudad. Si hay suerte, tocarán durante casi dos horas. En la capital uruguaya no hace falta que sea carnaval para oír candombe: en cualquier momento de la semana y casi a cualquier hora del día pueden salir los tambores.

Pocos dirían hoy en día que el candombe, la música de ritmo africano característica de Uruguay y Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO desde 2009, estuvo prohibido durante muchos años. Y es que su origen proviene directamente de los esclavos africanos que la Corona Española hacía entrar por el puerto de Montevideo y empleaba en las provincias del Río de la Plata, Chile y Perú: unos 20.000 entre 1750 y 1810.

Los esclavos que se quedaron en Montevideo, procedentes sobre todo de Guinea, Congo, Angola y Mozambique, se congregaban en salas de manera clandestina, a escondidas de sus amos. Esas reuniones son el caldo de cultivo del candombe actual. “Hacia 1820 había unas 14 o 15 expresiones o representaciones de salas de Nación, donde la gente africana se reunía todos los domingos y los 6 de enero según su lugar de procedencia”, explica Oscar Montaño, historiador, activista y difusor de la cultura afrouruguaya. Allí, cada pueblo africano aprovechaba para rendir culto a su entidad religiosa. Después de 1820, ese candombe ritual sale a la calle y, según el historiador, es en ese momento cuando se produce una conexión de los diferentes pueblos en un ritmo único. El paso al candombe actual “fue algo muy paulatino, un ensamble que se fue dando cuando los tambores llamaban a sus respectivas naciones”, comenta. En Montevideo, el candombe se hizo fuerte en los barrios donde vivían más esclavos y afrodescendientes: Barrio Sur y Palermo.

El emblema del Carnaval

Colores, banderas, plumas, lentejuelas, purpurina, fuegos artificiales, balcones repletos y mucha expectación: el desfile de Llamadas es la insignia del carnaval más largo del mundo, el uruguayo. Durante dos calurosas noches de verano más de 40 comparsas de candombe desfilan por las calles montevideanas.

En una comparsa, los tres tambores -chico, repique y piano, de menor a mayor medida- se tocan con una mano abierta y con un palillo similar a una baqueta de batería y se templan con fuego. Los ritmos constantes del piano -el tambor más grande y de sonido más grave- y del chico -el más pequeño y agudo- se consideran la base del candombe, mientras que el repique o tambor mediano, que tiene más libertad de sonido, deja espacio a las improvisaciones. Preceden la cuerda de tambores los personajes tradicionales, que evocan una tierra ya lejana: el Gramillero representa al curandero africano, la Mama Vieja es el emblema de la dignidad y la sabiduría de las mujeres ancianas y el Escobero aleja los malos presagios con su escoba. “Ellos son realmente los emblemas más fuertes, junto con los tambores, las bailarinas y los símbolos como la media luna, las estrellas, las banderas y el estandarte, que abre la comparsa”, explica Oscar Montaño.

En la actualidad hay más de 200 comparsas o agrupaciones de candombe en todo Uruguay, y más de 100 en Argentina. Además, en casi todas las ciudades del mundo donde hay gente uruguaya viviendo, el candombe es la expresión que han encontrado para mantener vivas sus tradiciones.

El desfile de Llamadas, que empezó en 1956 y recorre los tradicionales Barrio Sur y Palermo, es la evolución de aquellas llamadas a las diferentes naciones africanas. Las comparsas se visten con sus mejores galas y recorren las calles ante la atenta mirada de los espectadores. Según Montaño, la integración a la sociedad blanca fue parte de un proceso bastante lento, ya que los blancos tuvieron que aceptar una expresión que consideraban pagana o anticatólica. Aun así, finalmente Uruguay reconoció la aportación cultural afro y el candombe se convirtió en uno de los platos fuertes del Carnaval. Sobre la década de 1930 los blancos ya eran numerosos en las comparsas, y “hoy por hoy, porcentualmente hay muchos más blancos tocando que afrodescendientes”, asegura la socióloga Victoria Bonanata, una de las primeras percusionistas del país e integrante de La Melaza, la primera comparsa únicamente de mujeres. “El candombe nació en Uruguay, es criollo, pero su raíz es claramente afro y para mí sigue siendo tan afro como el primer día. Es un fenómeno que ha crecido exponencialmente y que continúa creciendo. Hay que seguir trabajando en que ese crecimiento se acompañe de fundamento, de raíces”, recuerda.

Espacio para los colectivos desplazados

En 2006, alrededor del 10,2% de la población uruguaya se reconocía como afrodescendiente. Como en muchos países, en Uruguay la población negra o afrodescendiente ha estado históricamente desplazada. ¿Ha servido el candombe para eliminar el racismo de la sociedad? Oscar Montaño se muestra seguro y rotundo: “Sí, sí y sí: el candombe ha sido importantísimo en lo que tiene que ver con romper prejuicios, en integrar, en ser un elemento de unión. Es muy inclusivo también con la población homosexual, que desde los años 40 ya estaban integrados en las comparsas con papeles importantes en la danza”.

Hasta 1980, la expresión del candombe era vista por parte de la sociedad blanca como una expresión de borrachos y prostitutas, de las clases más bajas. Casi cuarenta años después, se ha transformado en una expresión increíblemente representativa del Uruguay entero.

También las mujeres han tenido que hacerse un lugar en el candombe, más allá de los personajes de vedettes y Mama Vieja. “Supuestamente (las comparsas) son todas mixtas, pero hay una mujer tocando y 50 hombres”, asegura Victoria Bonanata. Sentada en una silla del Centro Cultural Ansina, en el barrio de Palermo, la percusionista Graciela “Perica” Gularte explica ante unos jóvenes aprendices lo difícil que fue para ella, como mujer, tocar en una comparsa. Hija de uno de los grandes del candombe montevideano, “Perico” Gularte, y a pesar de llevar el ritmo del tambor en la sangre, no salió a la calle a tocar hasta pasados los cuarenta años, ya que en esa época no era común.

Compañeras de La Melaza por un tiempo, ambas aseguran que ahora están surgiendo muchos colectivos de mujeres en el tambor, pero que 15 años atrás, cuando se formó La Melaza, fue la única comparsa de mujeres durante muchos años. Bonanata cree que este cambio en el candombe “es parte de un movimiento mayor, en que la mujer va ganando espacios y el hombre tiene que ceder”.

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