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Musicostias

Musicostias

Se habla mucho de los límites del humor, pero muy poco de los del ridículo, aunque bordearlos sea igual de arriesgado. La única diferencia es que, transgrediendo los del humor, puedes ofender a los demás, mientras que rebasando los del ridículo el damnificado acabas siendo tú mismo.
El Doctor en Musicología Javier Romero sabe mucho de esto, y me refiero a hacer el ridículo. Sabe de muchísimas cosas más, por supuesto, pero para alguien que quisiera descender a los infiernos de lo grotesco, este caballero sería su Virgilio ideal. Ideal de mal…

Javier Romero es especialista en músicas africanas, en percusión corporal, en hacer de nuestro cuerpo una caja de ritmos, pero, sobre todo, anda por el mundo vendiendo la moto de una metodología de su creación en la que subraya el papel del cuerpo y la neuromotricidad en la estimulación cognitiva. Suena bien, sin embargo, al rascar un poco, esto vendría siendo la homeopatía de la musicología. Sí, yo tampoco pensaba que estos dos conceptos pudieran relacionarse, pero así están las cosas.
A este método lo bautizó con un acrónimo de las palabras Biomecánica, Anatomía, Psicología, Neurociencia y Etnomusicología: BAPNE. Aunque también podría haberlo llamado MORRO, TIMO y, por encima de todo: RIDI. De hacer el tal…

Los orígenes de la música son desconocidos ya que el uso de la voz y la percusión corporal no dejaron ningún rastro arqueológico. Y como es probable que ni Jordi Hurtado ya estuviera entonces dando vueltas por el planeta para dar fe, todo son teorías y suposiciones. Se puede colegir que su nacimiento, el de la música, fue parejo al del lenguaje y su uso predominantemente religioso, como forma de invocación o de comunicación con el más allá.

Desde la percusión corporal primitiva hasta dos rumberos doblando palmas, el estudio de la música étnica resulta fascinante, no sólo por la propia investigación sobre la invención de la música, sino por lo que aún podría revelar acerca del momento en que nos bajamos de los árboles para meternos en las cavernas. Pero de ahí a inventarse un camelo pseudo pedagógico con tintes académicos… Esto me lleva a pensar que igual nunca debimos bajar de los árboles. Hay motivos mucho más sangrantes, claro, pero esta es otra gota para colmar el vaso.
A lo largo de la evolución, el ser humano ha sido capaz de marcar todo tipo de cotas musicales, unas buenas y otras no tanto: desde componer “La flauta mágica” hasta la actuación de cualquier infeliz en “Operación Triunfo”. Y en esta amplia horquilla de posibilidades, el método BAPNE se situaría bastante más próximo al “Poyeya” de Soralla Arnelas, si no más allá…

A ver, esto de darse de hostias a uno mismo para codificar los ritmos y compases de cualquier estilo musical puede resultar divertido. Y más aún si está apadrinado por un reputado musicólogo que lo dota de base y fundamento. ¿Pero de verdad tiene que ser necesariamente tan ridículo? Hasta un Ángel del Infierno en una clase de zumba resultaría menos vergonzante.
La respuesta es esa supuesta voluntad pedagógica y motivacional, tan lejana a mí y tan cercana a la esfera del coaching. Javier Romero, si quieres hostias, apúntate a un concurso ruso de sopapos y nos vas diciendo en qué están afinadas las bofetadas que os soltéis…

No quiero que se malinterprete: la percusión corporal puede ser un entretenido juego de niños, una buena terapia inclusiva o una sofisticada disciplina musical muy apta para pedir limosna como músico callejero o participar en programas de variedades y talent-shows. En este último caso, además, incluso puedes desquitarte tocando la quinta de Beethoven a guantazos sobre la cara de Risto Mejide.

Pero a lo que iba, mi problema viene con la vertiente de terapia grupal para profesionales que es la que se destila del método BAPNE: eso de utilizarlo como excusa para que los empleados de una multinacional se reúnan y hagan el ganso con unos fines que aún no tengo nada claros. Quizá se trate de hacer el ridículo en grupo para olvidar el que, individualmente, suele hacerse en las cenas de empresa. Ay, si los Australopitecos levantaran la cabeza…

Busquen, busquen ustedes y bicheen en la red los vídeos de este señor más allá de la selección que aquí les he preparado. Yo no me he atrevido a mayores. Pero una cosa les digo: a mí, las percusiones corporales que más me gustan no son estas, sino las que son fruto de la mala leche y están editadas en vídeo. Se conocen como MUSICOSTIAS y, ya puestos a dar vergüenza, al menos que sea ajena.

 

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