Editorial nº 14

La gestión cultural es un ejercicio de resistencia y tozudez. Probablemente también una manera de vivir, de llenar el tiempo con actividad. Volvemos a la carga con un número especial dedicado íntegramente al proyecto que hemos desarrollado el pasado noviembre en las instalaciones de la Fundación San Cándido en Santander, con la financiación de la Fundación Santander Creativa.
El contexto
Las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística muestran cómo la población en la Unión Europea está envejeciendo rápidamente. En el caso concreto de España, trasladado a valores absolutos, se ha pasado de algo más de 1,5 millones de personas mayores de 80 años en 2001 a 2,84 millones en 2020. Estos datos no dejan de crecer, la población cada vez vive más y se llega a edades avanzadas con una mejor salud o estado físico general que en generaciones anteriores. Se puede vivir mucho tiempo con una calidad de vida aceptable.
Y sin embargo…
Mi percepción es que la población mayor, más a menudo de lo que creemos, se ve relegada y privada de vivir experiencias verdaderamente significativas y estimulantes para ellos, se les «entretiene» y poco más. Esto ocurre especialmente en las personas mayores que viven en residencias en la última etapa de su vida.
La filósofa Josefa Ros, investigadora en estudios del aburrimiento, da constancia de ello en sus investigaciones y nos alerta de los riesgos para los mayores al vivir en una situación de «aburrimiento situacional cronificado», en donde el bienestar desaparece sustituido por el sentimiento de inutilidad.
Y sin embargo…
Son nuestros mayores los transmisores de las tradiciones, los relatores de mundos pasados, la conexión entre pasado y futuro. Cuando queremos tornar la mirada al pasado, recurrimos a ellos. Aunque no es algo negativo, más bien al revés, esto me da una visión inmovilista y conservadora de la vejez, porque parece como si no fueran capaces de generar nuevas experiencias. Creo sinceramente que no es cierto.
Estoy convencido de que, si facilitamos la participación de personas mayores con papeles más protagonistas, por ejemplo, en actividades creativas, los resultados nos sorprenderán para bien. Darles la posibilidad de crear algo nuevo en un momento de sus vidas en el que lo normal es irse retirando de ella, es un objetivo que merece la pena explorar.
De esto trata Iceberg. De esto y de mucho más. En las próximas semanas iremos añadiendo materiales que hemos generado en este proyecto que de alguna manera nos ha cambiado la vida a los que hemos tenido la fortuna de participar. Esta semana comenzamos con la primera parte del relato que ha escrito Felisa Palacio con sus impresiones recopiladas a pie de actividad. La foto que ilustra este relato es de Ana Martín, que ha aportado también su granito de arena con su visión llena de humanidad y respeto. Por último, mencionar que el logotipo que ilustra este editorial y todas las publicaciones y materiales con la marca Iceberg corre a cargo del estudio Lamecha, que trabajan muy bien, muy rápido y a precios muy razonables. Una combinación ganadora, vaya.
Pasad, leed y compartid si lo creéis oportuno.
