Bach
En algún lugar.
No sé dónde.
Quizás,
en nuestra imaginación.
Es ya la tarde en que llegan las sombras,
esa belleza del atardecer.
Nos encaminamos
Por un pasaje no del todo solitario,
a lo que fue un lugar de culto.
Arcaico y rudimentario culto.
Recogida en el borde de un bosque de encinas,
la belleza de sus piedras románicas,
alegra y anima.
Sonará Bach,
en las manos del pianista,
varias de sus Partitas para teclado.
Hay personas ya sentadas en los bancos.
Subimos las escaleras,
en el piso superior cerca del órgano,
hay unas sillas incómodas.
Sentados en el borde,
acodados en la baranda,
asomados, vemos y oímos.
Nadie nos rodea.
El viejo Bach nos acuna,
no, mejor nos deleita.
Nos incita, nos aviva.
Mi mano se acerca a tu vientre,
la tuya ronda mi muslo.
Sin dejar de escuchar la belleza,
surge otra belleza.
Nuestros dedos se deslizan
en nuestros lugares de culto.
Las notas del teclado entran
en los oídos.
Y en nuestra piel,
entra el calor, la fascinación.
Nuestros dedos nos estremecen.
Gritaremos sin gritar.
Sin expresar un eco.
Nuestro gozo se duplica.
Reposamos
y Bach sigue sonando.
Carlos Cela es psiquiatra, psicoanalista, melómano y poeta.
