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Marcianadas

Marcianadas

En estos tiempos de confinamiento (y creo que no hay que añadir mucho más para que se me entienda) en los que ya sólo falta que salga un cura a dar misa desde un balcón y te deje la hostia a deber, creo que ha llegado el momento de hacer un repaso de algunas marcianadas musicales. Que no me refiero a que la musa indie Zahara haya sido coach de los triunfitos, que también. Ni a que el Niño de Elche haya grabado el himno de la legión con Los Planetas. Que esto ya ni te cuento. No: me refiero a rarezas que he ido recopilando en internet a lo largo de su existencia. Mi intención aquí es más la de entretener a través del visionado de vídeos que la de escribir un artículo. Por eso ruego se me perdone si este escrito resulta un tanto inconexo, deslavazado, bisoño y chapucero, cosas que, por otra parte, están entre mis mejores cualidades.
Y comenzamos ya con la marcianada nº 1…
Los tiroleses practican un tipo de canto llamado JODELN que en alemán viene a significar “pronunciar la sílaba JO”. El resultado son esos gorgoritos alpinos de sus canciones. Para que luego digan que vivir en el Tirol es aburrido. Pues bien, iniciada la década de lo años 80, al director de una coral austriaca se le ocurrió innovar en el JODELN, avanzar, dar un paso adelante hacia el abismo, y creo el Coro de las Lenguas Cantarinas. Maravíllense con ellos y luego seguimos con el asunto…

Aunque este Coro de la Lenguas Cantarinas, que hoy en día bien podía haberse dado a conocer como Coro SATISFYER, no dispone de ningún otro material audiovisual original en la red, si ha logrado tener tantos fans como para que, tirando del hilo, se extraiga una ristra completa de marcianadas basadas en él. A saber: con subtítulos, versión trap, versión en dibujos animados y lo que he dado en definir como “versión lametones”. Solo expongo dos, que lo mucho, cansa. Que las disfruten…

No hemos hecho más que empezar y ya hemos tocado fondo, así que, a partir de ahora, la cosa solo puede mejorar. No confío demasiado en mí para mejorar las cosas, pero sí en que es complicado superar por la mínima al Coro de las Lenguas Cantarinas.
Vamos con la marcianada nº 2
Dejamos atrás la música coral, o lo que sea aquello, para entrarle duro a las orquestas. Rainer Hersch es un cómico británico especializado en hacer humor con música clásica. Si, ya sé que nadie se ríe en España con la música clásica desde que nos descojonábamos de lo que hacía Luis Cobos. Pero en la Pérfida Albión sí que han logrado llevar a buen puerto este cruce de trucha y mono. Enciendan el ordenador…

Puede ser que buena parte de los lectores no hayan pillado la mitad de la esencia de este Vals de Windows por la sencilla razón de que son usuarios de Apple. Pues dos cositas: primera, pese a ser más bello, un MacBook es mucho más soso para los soniquetes que un PC y, segunda, si tienen un iPhone revisen los tonos de llamada del aparatito antes de disfrutar con esta nueva interpretación de Mr. Hersch…

Y aquí llega pegando fuerte la marcianada nº3
Se trata de un grupo de hombres y mujeres, de nuevo, austriacos, que un buen día decidieron usar el nabo, el pepino, la banana, la breva, las peras y los melones, no para montar una orgía, sino para convertir esos frutos vegetales en instrumentos musicales. Y así, en vez de follar, se montaron una orquesta. ¡Para que luego digan que vivir en el Tirol es aburrido…! Ah, no, que esto ya lo he dicho.
Se hacen llamar la Orquesta Vegetal y lo cierto es que gozan de una reputación mucho mayor que si se dedicaran a tocar la flauta de Bartolo…

Y así es como suena, amigos, la Orquesta vegetal. Y no olviden que, después de cada concierto preparan una menestra con todos los instrumentos que llevan chupando y manoseando durante el concierto que ofrecen gentilmente a su audiencia. Por eso, mi recomendación es que salgan corriendo antes de que termine la última canción.

Marcianada nº 4, y última…
Los Porkka Boys son un grupo de músicos callejeros finlandeses que un buen día decidieron formar una banda en su Pori natal. Siendo finlandeses seguro que sellaron el acuerdo con una mítica cogorza escandinava, pero, milagrosamente, a la mañana siguiente se seguían acordando y sacaron para adelante el proyecto. Eso sí, en el nombre de la banda sí se les notó la resaca: Porkka significa “zanahorias”. ¿La razón? Ni idea, pero a lo mejor en este caso las hortalizas sí tienen una connotación sicalíptica. Con todos ustedes, los Chicos Zanahorias…

Y hasta aquí este dechado de marcianadas. No se me quejen, ya venían avisadas desde el comienzo. Espero haberles hecho más llevadero este confinamiento y, en caso contrario, no se corten en cagarse en mí todo lo que quieran: tengo papel higiénico suficiente para pasar una guerra. Dos guerras.
Estoy pensando que igual voy yo también y me monto una marcianada de éstas: un coro con gente recién salida del dentista con la boca anestesiada. No se les iba a entender nada, pero lo mismo me pasa a mí con la mitad de los cantantes del indie español y ahí les tienes, vendiendo a tope.
Y para despedirme les dejo la versión original de la canción “Noches moscovitas”, principal y único hitazo conocido del Coro de las Lenguas Cantarinas. Y así de paso le echan un vistazo al idílico Moscú de los años 50. De nada.

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