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Manifiesto

Manifiesto

¿Cuál es nuestro punto de partida?

Vivimos en un mundo diverso. En Konpartitu creemos que, en la medida de lo posible y dentro de nuestras limitaciones, debemos reflejar esa diversidad, mostrar los infinitos cruces de caminos que hacen que la música resulte tan apasionante.

Mantenemos que cualquier acercamiento a esta compleja realidad es enriquecedor, aporta información valiosa, es útil, amplía las miras.

En el convencimiento de que no existen expresiones musicales mejores que otras, sino simplemente diferentes, nos empeñamos en crear espacios para la creatividad y para el encuentro, para el descubrimiento y para el goce.

Bruce Chatwin relataba de una manera maravillosa en su libro Los trazos de la canción cómo los aborígenes australianos cantan a su entorno y convierten la música en una suerte de mapa sonoro que los guía por el territorio.

Uno no puede dejar entonces de preguntarse para qué demonios sirve la música. El ser humano se afana en catalogar y recopilar el conocimiento. También, en interpretar la naturaleza y el significado de lo que observamos.

Quien tiene acceso a este conocimiento se supone que es un ser humano más instruido, podríamos decir que «mejor». En el caso de la música, quizás mejor músico, o más entendido. Pero luego viene un aborigen australiano que quizás no haya escuchado nunca “Un bel di vedremo”, o que no tenga un grado de musicología, o que no sea socio de una sociedad filarmónica y nos ofrece una interpretación de su entorno en forma de música. Lo bello y lo útil unidos de la mano. ¿Compondría mejores mapas sonoros si hubiera estudiado solfeo y armonía? Quizás sí, quizás no. A lo mejor serían diferentes si estuvieran influidos por los lieder de Schubert, o por el reguetón. ¿Sería esto mejor o peor? Creemos que no, que sería simplemente diferente.

Entonces… ¿Para qué sirve la música? A los aborígenes australianos para guiarse, a un melómano cualquiera para buscar refugio, en una sala de baile para interactuar con otros seres humanos, y a los pájaros les sirve para marcar su territorio o para intentar aparearse. En cualquier caso, es un llamémosle «ruido» que nos acompaña y nos sirve a los humanos para vivir, para hacer más llevadero este tránsito.

¿A quien nos dirigimos?

Este manifiesto está dirigido a todas aquellas personas vinculadas con la música, desde los propios músicos hasta los melómanos o los técnicos que trabajan para hacer realidad la música de una u otra manera.
Pero también a luthiers, profesores, estudiantes, investigadores, ferias, festivales, desarrolladores de software, Instituciones y empresas educativas, estudios de grabación, congresos, proveedores y organizadores de eventos musicales, empresas de turismo cultural, institutos oficiales de cultura…

¿Qué nos mueve, qué proponemos?

¿Y esta propuesta qué significa, en qué se traduce?, preguntará alguno no sin razón. Bueno, en nuestro caso se traduce en que nuestra tarea, nuestro proyecto cultural, es mostrar la diversidad de la música y derribar prejuicios. Hacer propuestas que ahonden en la diversidad y en la dignidad de los trabajos artísticos.
Os ofrecemos música, de mayor o menor calado, más o menos bella, música que intenta reinterpretar todos los estados de ánimo posibles, que nos atrae o nos repele: la música como la vida.
Y lo hacemos con la esperanza de que os gusten nuestras propuestas, o que no lo hagan, pero al menos que os hagan sentir algo. Habremos cumplido nuestro cometido.

Todo esto está muy bien, pero de repente…

 

Un mundo en crisis. La era Covid

¿Sirven de algo las crisis? Ésta que empezamos a vislumbrar debería servir para hacernos recapacitar sobre algún concepto básico. Por ejemplo, que el dinero es el omnipresente y omnímodo sistema que regula la capacidad del ser humano para adquirir bienes y servicios. Si no tenemos dinero en esta sociedad en la que vivimos, la precariedad nos consume, es más difícil vivir con dignidad, o acaso imposible.
El periodo de aislamiento forzoso que hemos vivido en la primavera de 2020 ha lanzado a un número muy alto de músicos a compartir su trabajo de forma gratuita en las redes. Tras el agradecimiento a un acto tan generoso, y tan común a un gremio que es muy dado a serlo, uno tiene la sensación de que es una manera de perpetuar una precariedad que no hace más que crecer.
Lanzamos una serie de reflexiones desordenadas alrededor del mundo artístico y su relación con los métodos de promoción en la era de las redes sociales en internet.
1.- Antes que nada. Que no se nos pase el susto.
2.- Las redes no nos dan de comer.
3.- Las plataformas de streaming tampoco.
4.- El artista destina muchísimos recursos para mostrar sus trabajos en lugares que no dan nada a cambio más que una comunicación circular que provoca bucles de “a ver quién hace más cosas, a ver quién recibe más likes”.
5.- Siempre han existido fórmulas para proteger y potenciar el uso de bienes y servicios estableciendo un reparto justo del dinero, como por ejemplo las cooperativas de consumo.
6.- Si es así, ¿por qué razón nos empeñamos los artistas en gastar fuerzas y dinero en las herramientas que no nos reportan beneficios? ¿Por qué entramos en la rueda una y otra vez de los grandes emporios que nos sangran?
7.- Alguna persona sabia dijo algo así como “si es gratis, tú eres el producto”. Más vale que empecemos a meternos esa frase en la cabeza como un mantra.
8.- Trabajamos gratis para ser visibles mucho más de lo deseable. Pero ser/estar visible no da de comer.

Dice la filósofa Marina Garcés: “Hay una defensa melancólica de las humanidades que refleja una visión de clase. Es una visión preservacionista, que invita a conservar un patrimonio cultural y que defiende una visión idealista de las artes y de las letras. Va ligada a la idea muy burguesa de la separación entre el tiempo de la producción y el trabajo y el tiempo del ocio y cultivo del espíritu”.
“Es interesante poner esta cuestión en relación con el ecologismo: hay un ecologismo conservacionista, que es el de los ricos que quieren seguir disfrutando de la naturaleza y lamentan su pérdida. Frente a ello, está lo que algunos llaman “ecologismo de los pobres”, que es el que cuida su hábitat porque le va la vida en ello. Pienso que el compromiso con las humanidades tiene que ser hoy del mismo tipo: no son un patrimonio a conservar, sino un ecosistema en el que nos jugamos aspectos fundamentales de nuestras vidas, especialmente los menos ricos y por tanto más sujetos a las transformaciones del actual sistema de reproducción social. Lo que está en disputa hoy no es si hay más o menos asignaturas de letras en los currículums, sino qué sentidos de la experiencia humana podremos compartir y elaborar en condiciones de igualdad y de reciprocidad”.
“Nuestra vulnerabilidad es inseparable de una gran potencia colectiva de creatividad, de invención y de resolución práctica de nuestros problemas comunes. No hay que olvidarnos: no sólo somos enfermeros de un planeta enfermo, somos cocreadores de un mundo en el que queremos vivir dignamente”.

Estas reflexiones de Garcés son a nuestro entender de obligada revisión y reflexión, no ya solo desde la parte del consumidor de bienes y servicios culturales, sino también desde los actores de este sector, como herramienta y acicate para poner en valor una actividad que sí, es muy necesaria. Y lo es mucho más allá de su función como mero entretenimiento, que ya de por sí es un objetivo encomiable y valioso. Las artes no son solo entretenimiento para el tiempo de ocio, nos ayudan a desarrollar un espíritu crítico, nos dan herramientas para recrear y repensar la realidad, y un largo y bello etc.

Y ahora, ¿qué?

En Konpartitu estamos preparando una plataforma para dar cabida a artistas (músicos y otros creadores), técnicos, otros profesionales, aficionados, investigadores, docentes y en general todas las personas que estén interesadas en la música de una u otra manera. Se trata de un ágora que sirva de escaparate para las creaciones y a la vez actúe como plaza del mercado, un lugar donde poder adquirir canciones, ilustraciones, producir conciertos y viajes relacionados con la experiencia de compartir espacio y tiempo con los creadores.

Una plaza virtual y física, donde al fin el dinero que se obtenga se pueda distribuir de manera equitativa a todos los que participan en la elaboración de esos bienes y servicios, como creemos por otra parte que hemos intentado hacer siempre en Konpartitu. Y todo este sistema estará basado en el afianzamiento de una comunidad de apoyo. Una como la que ya tenemos en Konpartitu con las personas que apoyan al proyecto y que son consumidoras habituales de nuestras propuestas.

Nuestro objetivo no es pequeño, queremos crear un sistema de consumo y reparto de dinero justo, equitativo, transparente. Un sistema que no sea exclusivo nuestro, sino que pueda replicarse en otras comunidades. Porque en el apoyo mutuo reside la esperanza de un futuro mejor.

En tiempos extraordinarios son necesarias medidas y acciones extraordinarias que en algún momento tendrían que pasar a ser ordinarias. Lo justo, lo digno, tiene que formar parte de nuestras vidas. Está en nuestras manos que así sea.

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