¿Nos hemos parado a pensar que existe un intermediario entre nosotros y la música que escuchamos? El intérprete es el mediador entre las obras y el oyente; de él depende la transmisión del pensamiento musical registrado por los compositores en un pentagrama. Pero, ¿el intérprete es un eficiente profesional neutral o pone algo de su parte en la obra que recrea?
La iconoclasta figura del pianista canadiense Glenn Gould nos ofrece una oportunidad muy interesante para efectuar una inmersión apasionante en el universo de la interpretación musical, plantear cuestiones y obtener respuestas. Su figura extravagante y controvertida, su prematuro retiro voluntario de los escenarios a los 32 años de edad, su interés por las posibilidades de la grabación musical, la proyección de su pensamiento en múltiples campos y su fascinación por los medios de comunicación (materializada en un inmenso legado audiovisual) lo convierten en un ejemplo excelente para servirnos de guía en esta tarea.
Asomarse cómodamente desde la butaca al universo de Gould supone una experiencia que no deja indiferente: a ratos divertida, a ratos conmovedora, siempre sorprendente; una experiencia que Leonard Bernstein calificó como “una encantadora serie de sobresaltos”.
¿Te lo vas a perder?

