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Tú, a Boston y yo, a California

Tú, a Boston y yo, a California

Se mantenía en un discreto segundo plano, un lugar de avistamiento que más tenía que ver con el gesto humilde que acompaña a quienes saben que, sin ellos, las orquestas tendrían escasas posibilidades de rodar por el mundo. Ellos son el aliciente para que se llenen las plateas, coros y gallineros, para que se cuelguen...

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