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Trap para torpes

Trap para torpes

Si ya tienes patas de gallo o te empiezan a crecer pelos en las orejas, también es probable que no soportes el trap. Mi enfoque es el siguiente: si te echas cremas rejuvenecedoras o te depilas los lóbulos para acotar la decrepitud, ¿qué hay de malo en darle una oportunidad al trap? Total, aunque ahora lo detestes, cuando te jubiles también irás en chándal, algo que es mucho peor que los surcos de las comisuras y la pelambrera que te oculta el piercing de la oreja, ese que te hiciste cuando no tenías tantos prejuicios.
En realidad, no se trata aquí de cantar las virtudes de un estilo musical que para muchos es el segundo más odiable detrás del electro latino. No: lo único que pretendo es aportar una serie de datos útiles para una simulación. Es decir, que este escrito bien podría haberse titulado “Todo lo que necesitas saber para que parezca que sabes sobre trap”. Una información que puede resultar muy útil para hablar con hijos, sobrinos o compañeros de trabajo, y que se convierte en imprescindible si te has hecho un Enrique Ponce, pero en vez de con una pija, con una trapera tipo La Zowi, algo, por otra parte, muchísimo más sabroso…

 

Empecemos. Una vez más todo comienza en Jamaica, una isla que ha alumbrado tantos estilos musicales, que deberían darle un Grammy en la categoría de “porque sí”. ¿Recordáis a Shabba Ranks, aquel máximo exponente de un estilo musical llamado raggamuffin que aterrizó en Iberia en los primeros 90? Pues de aquellos polvos vienen estos lodos…

El raggamuffin (término despectivo usado por los colonizadores británicos para referirse a la población negra y que, posteriormente, fue adoptado por la juventud para vindicarse) tenía un objetivo claro: calentar a la gente en la pista de baile hasta que hicieran saltar la alarma anti incendios. Aunque, realmente, el raggamuffin se basa en un ritmo básico también jamaicano llamado dembow que, ojo aquí, pega el salto a la República Dominicana, lugar donde también es habitual que acudan los bomberos a la discoteca cualquier sábado por la noche…

Pero, claro, en España no nos enteramos de esta efervescencia hasta que una panameña llamada Lorna se paseó por aquí con un tema llamado “Papi chulo” que se convirtió en la canción del verano del 2003. Y como sé leer el pensamiento, sé que estás pensando que esa canción era un asco. Pero échale una nueva escucha ahora, casi 20 años después, y descubrirás que, comparada con los actuales temas de Kiko Rivera o de Omar Montes, “Papi chulo” sonaba tirando a Dee Lite. Check it out, nigga…

Bien, quien haya hecho los deberes y se haya echado el vídeo, habrá descubierto que en el 0:47 la caribeña pronuncia la palabra dembow, pero con un sentido distinto al original, esto es, para definir un estilo, pero de baile. Lo que ahora conocemos como “perreo”. Es decir, que, en una década desde su aparición, el término dembow sufrió una mutación semántica, pese a que ninguno de los cantantes que lo usaban supieran lo que significa “mutación semántica”.
Sí, ya sé que mi objetivo era pinchar la mariposa del trap y llevo un rato dándole vueltas a un estilo caribeño, pero es que con el perreo hemos llegado a un punto de unión de ambas corrientes musicales. La única diferencia es que quienes se menean así en el trap lo conocen con el término de twerking.
Porque resulta que el perreo no es original, sino que es una interpretación del twerk del hip-hop de los años 90. Y claro, cuando los gringos vieron que los latinos lo desempolvaban en el 2000 y que le estaban dando duro, papi, resucitaron el twerking y, actualmente, tenemos las dos etiquetas para perrear lo mismo: ellas menean sus cuartos traseros y a ellos se les pone el calabacín como para hacer cinco pistos.
Y tranquilos, no voy a incluir ningún vídeo de perreo, pero ya que hemos encontrado el nexo entre el meneo latino y el twerking o dembow es cuando podemos cruzar al estilo que no ocupa: el trap.

Advertencia: no mentarle El Cejas a ningún trapero porque lo aborrecen. Yo sólo lo he usado para ilustrar el uso del término dembow. En realidad, Diego Arroba es un youtuber afincado en Mallorca que comenzó a parodiar a un trapero creando el personaje de El Cejas, personaje que le acabó fagocitando. Pero olvidémonos de él…
El trap, término que en inglés significa “trampa” y se aplica a los lugares de trapicheos, nace en los EE.UU. y, aunque ahora ya se ha mezclado con bases sonoras caribeñas, en su origen entronca con el rap norteamericano más crudo, del que hereda todo el flow, esto es, el “fluir” en el ritmo de un cantante, el rollo, aunque con una métrica más sencilla en sus rimas que la del rap puro y duro.
Yung Beef, C Tangana, Bad Gyal y La Zowi son algunos de los máximos exponentes actuales en España, pero todo comienza entorno a 2010 con un personajo llamado El Coleta, madrileño de Moratalaz que definía su estilo como “rap quinqui”, y posteriormente explota con un grupo fundacional del trap estatal: los PXXR GUNG y su gran éxito, número uno en todos los móviles, titulado “Tu coño es mi droga”, con una letra más simple que un pareado de Carmen de Mairena…

No me voy a poner aquí a analizar el trap, que para eso ya hay periodistas musicales con conocimiento de causa, y yo sólo soy un pelao que, recordemos, estoy dando las claves para que PAREZCA que sabemos de trap, empezando por mí, que no tengo ni idea.
He de confesar que a mí el trap sólo me gusta cuando veo los videoclips de sus canciones. Sin el apoyo de la imagen, con dos temas me rebosan, pero bicheándolos en Youtube me puedo tirar horas. Los traperos tienen algo que me resulta hipnótico: van de malotes, se la suda todo, unos parece que saben mucho (C Tangana), otros actúan como si no supieran nada (Cecilio G), y el único punto en común de su actitud es una insultante falta de actitud y el postureo de andar todo el día “joseando”.
¿Que qué es “josear”? Pues una derivación fonética latina del término inglés “Hustle”, pronunciado “jósel”, en su acepción de buscarse la vida. De manera que los traperos, aunque no necesiten el trapicheo para vivir, siempre llevan ese aire de andar joseando.
Un ejemplo: una entrevista de Cecilio G a Carlota Cosials, una de las integrantes del grupo The Hinds (antes llamadas Deer) y objeto de deseo de traperos como C Tangana, quien le hizo una declaración de amor en su tema “C.H.I.T.O.”. Pero vamos con la entrevista. Bueno, entrevista… o lo que fuera eso.

 

Personalmente creo que el trap ha dado de sí todo lo que podía y, desde que lo bendijo Rosalía coqueteando con su estética y su sonido, sus representantes han pegado un salto a no se sabe muy bien dónde. El trap molaba cuando no tenía éxito, precisamente, porque de eso iba la cosa. Ahora bien, algunas de sus conquistas sonoras han venido para quedarse y para aportar un nuevo brío a raperas como la Mala Rodríguez y también cierta personalidad a artistas como la argentina afincada en Barcelona Nathy Peluso, que practica una versión digamos “culta” del trap.

Y hasta aquí todo lo que usted necesita saber sobre el trap pero nunca se atrevió a preguntar. Es muy sencillo: yo tampoco tengo ni idea pero me lo he joseado hablando con unos y otros. Por cierto, ¿dije que no iba a poner ningún vídeo de perreo? Era mentira. A continuación, una clase práctica de twerking en un país tan poco sospechoso de calentarse con estas cosas como Finlandia. De nada…

 

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