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Thai funk

Thai funk

No sé si será por la edad o porque es una porquería, pero la mayoría de la música que se hace actualmente me importa un comino. No me emociona, no me interesa, es más de lo mismo y me parece que en el espectro indie les ha dado por unas letras con demasiado mensaje y, en el otro, pues como el chiste:

– ¿Sabes en qué se parece el reggaetón y los médicos?
– No.
– En las letras de mierda.

Va a ser por la edad, sí.
Por eso, de un tiempo a esta parte me estoy dedicando a investigar hacia el pasado y a volver a mirar en recovecos que, en su momento, debí pasar por alto. La vida es muy corta, pero muy ancha, dicen algunos. Pues yo estoy dedicándome a registrar aquellas anchuras del pasado. Y uno de los descubrimientos que me tiene loco es, precisamente, el Thai Funk. Cuidado que voy…

Todo comenzó allá por el 2011 cuando me eché una novia tailandesa y me fui a recorrer aquel país con ella. De la experiencia logré que me publicaran un libro (¿Por qué a los tailandeses les gustan tanto las salchichas? Ed. Laertes 2013), pero ateniéndome al asunto, también me traje un USB lleno de funk tailandés. La que por entonces era mi pareja provenía de una zona agrícola por la que no viaja ningún turista: Isan. Y fue una vez, montados en un tuk tuk rural, muy distintos a los turísticos de Bangkok, donde el chofer iba escuchando un musicón que para qué. ‘¿Qué es esto?’ le pregunté. Después de su buena media hora de traducciones de ida y vuelta, la información que obtuve fue que se trataba de una música llamada luk thung que, a todas luces, sonaba muy groovie. No me digan que no…

El sonido luk thung, que en dialecto de Isan significa ‘chico de campo’, comienza en los años 60 y sobrevive hasta bien avanzada la década de los 70. Es un crisol de influencias y por ello igual recuerda a una orquesta de jazz etíope que se adentra en la cumbia sicodélica peruana. Pero ellos lo llaman funk, que es lo importante. Es como con sus salsas: son un batiburrillo de ingredientes, pero lo importante es el cacahuete. Bueno, pues el funk sería el cacahuete, si se me permite continuar con la metáfora chusquera (Cacahuete Funk, ahí hay algo).
La cosa es que, durante la Segunda Guerra Mundial y la posterior implantación de bases aéreas norteamericanas durante las guerras de Corea y Vietnam, los tailandeses también escuchaban las emisoras gringas y a algunos músicos les dio por adaptarlo a su rollo. Y mientras, aquí, con el Dúo Dinámico.
No me costó mucho hacerme con el USB porque le contraté como chofer oficial y, además, le permitía conducir chuzo de las cervezas que también yo le pagaba. Mi vida loca. Pues bien, tras muchas escuchas de aquel USB, con el enfriamiento de mi relación tailandesa, también se me bajó la fiebre del thai funk y fui olvidándome de ello hasta que, hace unos tres años, descubrí a un trío de Houston llamado Khruangbin. Léase JRUANGBIN, si es que ello es posible…

‘Motor volador’ es lo que significa el nombre del grupo en el que, un baterista que parece salido de Osibisa acompaña a un guitarrista y a una bajista con pintas de haberse comprado la misma peluca de broma en Caramelos Paco. Y ahora que no me escucha mi esposa, a la bajista le queda mejor ese pelo. Le queda mejor todo. Laura Lee le pusieron sus padres, por si hay alguien interesado en profundizar. De nada.

En un principio no caí en sus referentes musicales, pero al empezar a leer sobre ellos, desempolvé el viejo USB de marras y me puse a investigar. No llegué muy lejos, querido Watson, porque la mayoría de los archivos no tenían título y, los pocos que sí, venían en alfabeto tailandés. Así que el único grupo que creo que he identificado, usando Google Translator como piedra Rosetta, han sido The Impossibles. Aunque he de decir con tristeza que, en sus álbumes, mezclan por igual temazos ácidos con baladas tipo Mari Trini…

La cosa es que, a partir del relativo predicamento de Khruangbin, esos recovecos musicales de los que hablaba en un principio se están llenando de referencias, porque decenas de personas entusiasmadas con el Thai Funk van aportando datos y sabiduría. Debe ser que en sus USB venían los archivos escritos en cristiano.
Así, el puzzle se va completando y resulta que, además de luk thung, el espectro groove incluye lae choi, luk krung, 60’s beats y una adaptación de un estilo tradicional compartido con Laos llamado molam. Tanto éxito ha alcanzado este último que hasta capitaliza una discoteca en Bangkok, The Paradise, donde incluso se ha formado una banda mitad tailandesa y mitad farang, esto es, extranjera: The Paradise Bangkok Molam International Band. (Y había pensado en hacer aquí el chiste de que esta banda ‘MOLAM mogollón’, pero es tan malo que mejor no lo hago).

Más gente tiene que haber por el mundo a quien la música actual, ya sea por la edad o porque es una porquería, se la trae al fresco. Y aunque seamos un nicho, en varios países andamos investigando en cosas tan sorprendentes como la sicodelia tailandesa. Y si a unos jovenzuelos con rollazo como Khruangbin les da por ahí, igual mi edad no es la culpable. De hecho, alguien me ha pasado el soplo de que debería bucear en lo que viene siendo la música surf camboyana. Pero esto será otra historia. De momento, despido ya esta flipada de artículo con dos referencias importantes: un vínculo a un artículo que contiene una lista de reproducción de los propios Khruangbin, y un vídeo con todos los temazos del, atención, ¡primer recopilatorio de Thai Funk en vinilo!
Espero que con esto se refresquen un poco los días que nos quedan de verano…

 

 

 

 

 

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