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Oda a la mujer indígena

Oda a la mujer indígena

Una de las grandes oleadas migratorias de Perú se produjo entre 1940 y 1960, cuando muchos habitantes de la región andina se fueron a Lima. Como en toda migración, buscaban un futuro mejor, y una vez en Lima trataron de adaptarse a las costumbres de la ciudad. Así, los migrantes indígenas dejaron de lado su lengua para hablar el castellano, pero durante muchos años pesó sobre ellos el estigma de no hablarlo “bien” y quedaron relegados a ciudadanos de segunda. De este modo, el quechua —y otras muchas lenguas indígenas— se comenzó a ver como algo de lo que avergonzarse y se fue perdiendo progresivamente. Hoy en día, a pesar de que más de 3,8 millones de peruanos lo hablan y de que es la lengua indígena con más hablantes en toda Latinoamérica, en general sigue siendo considerada una lengua de baja categoría.

Por eso, hace unos años sorprendió que en Ayacucho una adolescente de 14 años comenzara a versionar en quechua temas de cantantes como Michael Jackson o Alicia Keys. Sobre todo después de que la joven hubiera formado parte de La Voz Kids, un concurso dirigido en especial a adolescentes y que es conocido en todo el país. Sus versiones fueron todo un éxito. Cinco años después, Renata Flores Rivera tiene 19 años, está a punto de lanzar su primer álbum, titulado Isgun (Nueve), y es uno de los iconos de moda en el país andino.

“Muy pocos jóvenes de mi generación saben hablar quechua”, explica Flores. “En la escuela tenía dos compañeros que sabían hablarlo pero no solían hacerlo, lo escondían y hablaban español. Cuando hablaban español no lo pronunciaban bien, ya que en el quechua solo hay 3 vocales, y la fonética y la gramática españolas eran más difíciles para ellos. Me molestaba mucho ver como la mayoría de mis compañeros se burlaban de ellos y veían como algo negativo que hablaran diferente. No debería ser así. Fue una de las cosas que me impulsó a hacer la música que hago”.

Renata se crió entre música y arte, ya que su madre dirige un centro cultural en Ayacucho llamado Surca. En sus temas, la joven mezcla el trap con sonidos andinos tradicionales: Flores fusiona aparatos de música electrónica actuales, como una tabla de sonidos para crear loops con su voz, con instrumentos de viento típicos de la región de los Andes, como la quena o la zampoña. Su imagen es también una fusión entre modernidad y tradición: chándals, tops ajustados y deportivas juveniles se mezclan con telas y motivos típicos indígenas. Así, Renata ha conseguido algo parecido a lo que ha hecho Rosalía en España: acercarse con total naturalidad tanto a los jóvenes como a los mayores, a la gente de la ciudad y a los que viven en lugares remotos entre las montañas. En sus vídeos —compuestos casi únicamente por mujeres— se refleja la vida en las montañas y la estética centennial actual.

Renata quería homenajear a sus abuelas. “Mis papás y mis abuelos hablan quechua, sobre todo mis abuelas. Mis papás han ido aprendiendo más el español, aunque tienen ahí el quechua. Pero, en cambio, a mí no me lo enseñaban mucho, no lo hablábamos, no lo practicábamos en casa. Y yo sé que no soy la única de mi generación que ha pasado por eso. Somos muchos los que tenemos papás que no han tomado muy en cuenta el idioma y también otras costumbres que se han ido. Creo que la música me ha ayudado a aprenderlo, a practicarlo”, dice mientras explica que al principio recurrió a sus abuelas para aprenderlo y ellas la ayudaron con la traducción de algunos temas famosos y que en la actualidad le echan un cable con el quechua para escribir sus propias canciones.

Ahora que está inmersa en su primer álbum, Renata sigue haciendo versiones pero ahora con un tono didáctico: en Youtube publica vídeos donde, además de cantar, traduce las letras de temas en inglés para enseñar la gramática del quechua.

 

La mujer indígena

Cuando comenzó a componer sus propios temas, además de revalorizar el quechua, Flores se propuso dar a conocer el papel de la mujer indígena en Perú.

Si bien el trap suele ser asociado a letras machistas, ella no se plantea que tenga que ser así, y de hecho, consigue demostrar todo lo contrario. Su canción Qam Hina (“como tú”) habla de las dificultades que tienen algunas niñas de zonas rurales del país para acceder a la escuela y de la manera en que se habitan los paisajes andinos. En Tijeras empodera a las mujeres y las anima a no quedarse calladas, a estar unidas y a hablar ante el mundo. Sus palabras Manchakuychu rimayta (“no tengas miedo de hablar”, en quechua) resuenan una y otra vez.

“En los imperios indígenas hubo mujeres con un valor muy importante, pero la historia, además de someternos a hablar otro idioma nos ha ido quitando todo eso. Durante muchos años Perú ha sufrido una gran violencia institucional y las personas indígenas hemos sufrido mucho. Hay secuelas de ese maltrato, de esa violencia, pero aun así, la mujer indígena sigue luchando, sigue su día a día. La mujer ha tenido que sobrellevar un gran machismo y es algo que debemos cambiar. Deberíamos retomar lo que nos han transmitido nuestros antepasados, deberíamos saber que en algún momento el rol de la mujer era tan importante como el del hombre. Con mi música trato de rescatar todo esto, intento lograr un cambio”.

Según la encuesta Percepciones y actitudes sobre diversidad cultural y Discriminación étnica-racial, realizada en 2018 por el IPSOS, el 53% consideró que los peruanos son racistas o muy racistas, pero solo el 8% se reconoció como tal. El 59 % creyó que la población quechua y aimara es discriminada o muy discriminada y señalaron su forma de hablar, su vestimenta o el idioma que hablan como motivos principales. Además de esta discriminación, la mujer indígena sufre también por el hecho de vivir en una sociedad patriarcal: mientras que en 2017 un 8,7% de las mujeres peruanas de más de 15 años era analfabeta (tres veces más que la cifra de hombres), en la zona rural la cifra aumentaba al 23,5%.

En su primer álbum, cuyo lanzamiento se ha retrasado por la crisis del coronavirus, Renata explica que trata de hacer una línea del tiempo sobre cómo era antes la mujer indígena y cómo es ahora. “Hay canciones que hablan de las princesas incas, del mestizaje que hubo en muchas de nosotras, de cómo estamos luchando ahora y cómo lo haremos en el futuro”. Parece que gracias a artistas como Renata Flores y otros compañeros de generación que crean en quechua, la lengua indígena está teniendo un nuevo impulso y algunos jóvenes comienzan a entender que, lejos de ser algo de lo que avergonzarse, el quechua forma parte de sus raíces. “Pienso que la música que estamos haciendo está produciendo cambios. Muchas personas me escriben y me mandan vídeos, y lo que más orgullosa me hace sentir es que los niños lo canten”, dice sonriendo Renata. “Creo que ya están viendo el quechua de una manera diferente, como algo de lo que sentirse orgulloso”.

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