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Editorial nº 9

Editorial nº 9

Bienvenidas y bienvenidos a esta nueva edición de nuestro magazine online. A diferencia de otros editoriales en los que hacemos una pequeña introducción a los textos e imágenes que publicamos, este texto quiere servir como proclama, un grito de auxilio en esta época llena de incertidumbres que nos toca vivir.

El futuro del sector artístico es incierto. Siempre lo fue. En realidad lo es por definición. Comentaban el sirviente del emperador y actor en paro, y el poeta griego en la famosa serie británica Yo Claudio: “El teatro no es lo que era”, decía el sirviente. Y Aristarco le respondía: “No. Y te diré algo más. El teatro nunca fue lo que era.”

¿Sirven de algo las crisis? Esta que empezamos a vislumbrar debería servir para hacernos recapacitar sobre algún concepto básico. Por ejemplo, que el dinero es el omnipresente y omnímodo sistema que regula la capacidad del ser humano para adquirir bienes y servicios. Si no tenemos dinero en esta sociedad en la que vivimos, la precariedad nos consume, es más difícil vivir con dignidad, o acaso imposible.

Este periodo de aislamiento forzoso ha lanzado a un número muy alto de músicos a compartir su trabajo de forma gratuita en las redes. Tras el agradecimiento a un acto tan generoso, y tan común a un gremio que es muy dado a serlo, uno tiene la sensación de que es una manera de perpetuar una precariedad que no hace más que crecer.

Lanzamos una serie de reflexiones desordenadas alrededor del mundo artístico y su relación con los métodos de promoción en la era de las redes sociales en internet.

1.- Antes que nada. Que no se nos pase el susto.

2.- Las redes no nos dan de comer.

3.- Las plataformas de streaming tampoco.

4.- El artista destina muchísimos recursos para mostrar sus trabajos en lugares que no dan nada a cambio más que una comunicación circular que provoca bucles de “a ver quién hace más cosas, a ver quién recibe más likes”.

5.- Siempre han existido fórmulas para proteger y potenciar el uso de bienes y servicios estableciendo un reparto justo del dinero, como por ejemplo las cooperativas de consumo.

6.- Si es así, ¿por qué razón nos empeñamos los artistas en gastar fuerzas y dinero en las herramientas que no nos reportan beneficios? ¿Por qué entramos en la rueda una y otra vez de los grandes emporios que nos sangran?

7.- Alguna persona sabia dijo algo así como, “si es gratis, tú eres el producto”. Más vale que empecemos a meternos esa frase en la cabeza como un mantra.

8.- Trabajamos gratis para ser visibles mucho más de lo deseable. Pero ser/estar visible no da de comer.

Dice la filósofa Marina Garcés: “Hay una defensa melancólica de las humanidades que refleja una visión de clase. Es una visión preservacionista, que invita a conservar un patrimonio cultural y que defiende una visión idealista de las artes y de las letras. Va ligada a la idea muy burguesa de la separación entre el tiempo de la producción y el trabajo y el tiempo del ocio y cultivo del espíritu”.

Es interesante poner esta cuestión en relación con el ecologismo: hay un ecologismo conservacionista, que es el de los ricos que quieren seguir disfrutando de la naturaleza y lamentan su pérdida. Frente a ello, está lo que algunos llaman “ecologismo de los pobres”, que es el que cuida su hábitat porque le va la vida en ello. Pienso que el compromiso con las humanidades tiene que ser hoy del mismo tipo: no son un patrimonio a conservar sino un ecosistema en el que nos jugamos aspectos fundamentales de nuestras vidas, especialmente los menos ricos y por tanto más sujetos a las transformaciones del actual sistema de reproducción social. Lo que está en disputa hoy no es si hay más o menos asignaturas de letras en los curriculums, sino qué sentidos de la experiencia humana podremos compartir y elaborar en condiciones de igualdad y de reciprocidad”.

Nuestra vulnerabilidad es inseparable de una gran potencia colectiva de creatividad, de invención y de resolución práctica de nuestros problemas comunes. No hay que olvidarnos: no sólo somos enfermeros de un planeta enfermo, somos cocreadores de un mundo en el que queremos vivir dignamente”.

Estas reflexiones de Garcés son a nuestro entender de obligada revisión y reflexión, no ya solo desde la parte del consumidor de bienes y servicios culturales, sino también desde los actores de este sector, como herramienta y acicate para poner en valor una actividad que sí, es muy necesaria. Y lo es mucho más allá de su función como mero entretenimiento, que ya de por sí es un objetivo encomiable. Las artes no son solo entretenimiento, nos ayudan a desarrollar un espíritu crítico, nos dan herramientas para recrear y repensar la realidad, y un largo y bello etc.

En Konpartitu estamos preparando una plataforma para dar cabida a una serie de artistas, que sirva de escaparate para sus trabajos y a la vez actúe como plaza del mercado, un lugar donde poder adquirir canciones, ilustraciones, producir conciertos y viajes relacionados con la experiencia de compartir espacio y tiempo con los creadores. Una plaza virtual y física, donde al fin el dinero que se obtenga se pueda distribuir de manera equitativa a todos los que participan en la elaboración de esos bienes y servicios, como creemos por otra parte que hemos intentado hacer siempre en Konpartitu. Y todo este sistema estará basado en el afianzamiento de una comunidad de apoyo. Una como la que ya tenemos en Konpartitu con las personas que mensualmente aportan dinero al proyecto y las que son consumidoras habituales de nuestras propuestas.

En tiempos extraordinarios son necesarias medidas y acciones extraordinarias que en algún momento tendrían que pasar a ser ordinarias. Lo justo, lo digno, tiene que formar parte de nuestras vidas. Está en nuestras manos que así sea.

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