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Balcón mix

Balcón mix

Soy de Madrid, una ciudad viva como pocas que, durante el confinamiento, se ha convertido en Mordor: los datos de la pandemia, el vacío de sus calles… y los músicos de balcón. El horror. He sufrido, además, la desgracia de no tener como vecino a James Rhodes, de manera que no le he podido cambiar croquetas por sonatas de Brahms. En vez de eso, he lidiado con un estudiante de violín, otro de guitarra, el llanto del bebé de al lado y los espontáneos toques de corneta del vecino de arriba. No sé si me explico, pero si esto era Mordor, su ojo estaba entre las piernas de mi vecino de arriba.
Eso por no hablar del cuñao que le daba al play al “Resistiré” de los postizos esos, en un soundsytem que tenía asomado a su balcón, casi al borde del suicidio, y con una puntualidad que, vaya, será la primera vez que ha sido puntual en su puñetera vida. Si al menos hubiera sido un “Resistiré” menos empalagoso, que hiciera honor a su título…

El señorito estudiante de violín se ha tirado practicando escalas dos meses. Escalas. Punto. Que ya se podía haber tocado alguna pieza, joder. Pues no: escalas. Una detrás de otra. Le ha hecho buena a la hortera de Vanessa Mae. O sea, comparada con él, la china de Singapur me parece Sarasate.
El chavalote de la guitarra se ha pasado el confinamiento tocando sin descanso una canción que seguro sólo los muy entendidos conocen. Se trata de “Smoke on the Water”, de Deep Purple. Y, por supuesto, sólo los acordes iniciales, probablemente los más difíciles de la historia del rock. Y las primeras tres semanas sólo con una cuerda. Más difícil todavía…
Entre el violinista, el guitarrista y los berridos del bebé, el paisaje sonoro de mi confinamiento ha sido muy similar al que debe ser el hilo musical del infierno, es decir, la discografía de Jethro Tull en modo random, pero, en vez de flauta travesera, con la corneta del vecino del 5ºB a quien, a partir de ahora, me referiré como Aero-Red.
Ya me habría gustado a mí tener de vecino a Louis Cole… y a sus muchísimos amigos que aparecen en este vídeo en el 1’30”. Wait for it…

Ahora en serio, vaya turra de músicos y diyéis en los balcones, que yo os entiendo, pero entendedme un poco a mí. Porque, pensemos un momento, ¿cuál es la diferencia entre un músico de balcón y un coche que para cerca de tu descanso vomitando reggaetón a todo lo que da? Para mí, ninguna. Es la razón por la cual decido a qué concierto ir y a cuál no voy ni muerto.
Y mira que ha habido buenos ejemplos de músicos que han tocado lo que han querido… pero para usarlo en las redes, no para dar la matraca a sus vecinos. Que si los quiero escuchar, ya entro yo en Youtube y los escucho, pero respetando mi resentimiento, coño…

“Es probable que, en la jerarquía artística, los pájaros sean los más grandes músicos que existen en este planeta”, dijo el compositor francés Olivier Messiaen, algo más ostensible en ausencia de ruido humano en las calles de la ciudad. Porque los pájaros nos han servido a muchos como terapia: gorriones, mirlos, jilgueros, Aero-Red… Ah no, que este es un pájaro, pero de otro tipo.
Y si los pájaros urbanos han supuesto todo un descubrimiento, también lo ha sido el comprobar que los españoles tenemos mucha menos arte de la que creemos. Y que somos muy cargantes: basta con que a un vecino se le antoje asomar el oboe al balcón y ejecutar pasodobles, para que el de al lado saque los platos y compita pinchando minimal techno.

Pido perdón porque, con la que nos ha caído, creo que este escrito es una frivolidad fruto del berrinche de un inadaptado que, además, no tiene nada de qué quejarse. Pero, mira, molesto menos que todos a quienes me he referido. Y mientras escribía este exorcismo, además, he llegado a una conclusión reveladora. Aquí va: ¿Puede ser que esta pandemia se convierta en la tumba del electro-latino? De primeras es un estilo eminentemente bailable y va a ser un poco complicado perrear manteniendo el flow a una distancia de metro y medio. Distancia de seguridad ésta muy propia del minueto, un baile mucho más homologable para los tiempos que corren.
Por otra parte, y aunque al principio fantaseé con que este verano podría ser el primero sin canción del verano, creo que ya hay una que está empezando a dar la vuelta al mundo: el verdadero número uno en las listas de éxitos del “Balcón Mix”.
Y nosotros presentando a Eurovisión a solistas de OT. Si es que…

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